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Area: CineVanilla Sky (Vanilla Sky)
[ caché de Tempus Fungui: 13:24:55 - 20/07/2003 · Leído 2178 veces ]
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Publicado en:Pasadizo Análisis de Películas [ Link Original ]
VANILLA SKY (VANILLA SKY)

David Aames es un alto ejecutivo de Nueva York a quien sus amigos admiran por su éxito con los negocios y las mujeres. Cuando conoce a Sofía, una madrileña estudiante de ballet, provoca los celos en Julie, una rubia emocionalmente inestable que está enamorada de David, y decide acabar con su vida y con la de su amado en un accidente de coche. Ella muere, y él queda desfigurado. A partir de ahí, ya nada vuelve a ser como antes...

Ficha Técnica

Director: Cameron Crowe / Productores: Tom Cruise, Paula Wagner y Cameron Crowe para Cruise-Wagner Prod./Vinyl Films / Guión: Cameron Crowe, según el guión de Alejandro Amenábar y Mateo Gil / Fotografía: John Toll / Música: Nancy Wilson / Montaje: Joe Hutshing, Mark Livolsi / Diseño de producción: Catherine Hardwicke / Intérpretes: Tom Cruise (David Aames), Penélope Cruz (Sofía Serrano), Cameron Diaz (Julie Gianni), Kurt Russelll (McCabe), Jason Lee (Brian Shelby), Timothy Spall (Thomas Tipp), Tilda Swinton (Rebecca Dearborn), Michael Shannon, Delaina Mitchell, Shalom Harlow, Oona Hart, Conan O"Brien, Steven Spielberg… / Nacionalidad y año: USA 2001 / Duración y datos técnicos: 134 min. color 1.85:1.

Comentario

Muy fácil lo han tenido esta vez los americanos para colar su producto en los primeros puestos del box office. Por si los rosados chascarrillos que han acompañado todo el rodaje de Vanilla Sky no fuesen suficientes para que el filme, una vez estrenado, se vendiese por sí solo, los productores ya contaban con la garantía de un guión cuya eficacia entre el público ya había sido probada, aunque fuese al otro lado del Atlántico. A partir de aquí, todo ha sido coser y cantar. Porque en realidad, poco ha aportado su director Cameron Crowe a lo que ya estaba antes hecho. Los remakes realizados con dinero yanqui de filmes de éxito en Europa -sobre todo con películas de origen galo, véase el bodrio Mi padre, ¡qué ligue! (My Father the Hero, 1994), versión americana de otra película de muy escaso interés, Mi padre... mi héroe (Mon père ce héros, 1991)- ya habían demostrado que, en el caso de que el segundo filme no tuviese algo que aportar al primero, no merece la pena malgastar esos kilómetros de celuloide. Cierto es que Vanilla Sky habrá aportado sin duda un aumento en la venta de revistas del corazón, pero dudamos que ello posea algún valor cinematográfico.

El filme de Crowe parte de un guión prácticamente mimetizado del de Abre los ojos (1997). El segundo largometraje realizado por Amenábar resultaba eficaz como experimento cinematográfico, en el que se pone a prueba la lucidez del espectador para descifrar un enigma de imposible descubrimiento hasta el final, pero precisamente en su calidad de experimento residen sus defectos. Por fortuna, el talento de su director supo llevar el enrevesado y tramposo guión a buen puerto gracias a una labor de realización inteligente y a un conjunto de imágenes perturbadoras que encajan correctamente en el angustioso desarrollo de la historia. Nada de esto lo encontramos en Vanilla Sky. Sus responsables han tomado el guión de Amenábar, le han hecho un par de arreglos en los diálogos a base de estúpidas coletillas propias del peor cine de consumo juvenil americano, y ello ha sido llevado a escena por un director cuya anodina labor se reduce a filmar de manera artesanal lo que ya estaba realizado con mano maestra.

La encomiable interpretación de Eduardo Noriega, que aportaba entidad a un personaje de posibilidades más bien limitadas, es reemplazada aquí por el trabajo de un Tom Cruise que interpreta al mismo personaje que ha interpretado toda su carrera, y más concretamente a su papel en otra cinta del propio Crowe, Jerry Maguire (Jerry Maguire, 1997). El resto del reparto parece igual de desorientado en cuanto a los objetivos del filme y, por consiguiente, de su interpretación: Penélope Cruz ha asumido que ya no está trabajando al servicio de la industria española, sino que se encuentra en medio de una producción destinada al masivo público americano, encumbrada (?) en el descerebrado mundo del star-system, y por ello actúa como tal (y no está de más decir que el doblaje de la versión española no la ha ayudado en mucho); y Cameron Díaz resulta en su papel tan indigesta para el espectador como el personaje lo es para el protagonista del filme, lo cual puede verse como un mérito de la actriz o como prueba de su limitado talento.

Si la música que Alejandro Amenábar compuso para Abre los ojos contribuía a dotar a la atmósfera del filme de un mayor poder de fascinación, en su remake no es sino un elemento más de mercadotecnia destinado a engrosar los bolsillos de los productores gracias a un repertorio de cancioncitas que hacen las delicias de los consumidores de radio-fórmula ávidos por adquirir la banda sonora de la película en cuestión. El resultado en pantalla es que, si en Abre los ojos una secuencia inquietante era rematada con un crescendo orquestal que acentuaba el dramatismo de la situación, aquí esa misma secuencia es rematada con algún conocido éxito de ventas "cañero" que, más que a seguir la trama, invitan al espectador a adivinar lo bien que se lo ha pasado el equipo haciendo una película en la que la historia es lo de menos (la intención de crear una mínima atmósfera en concordancia con ella es prácticamente nula), o bien a preguntarse cómo demonios se ha podido encajar el sugerente guión en semejante bodrio (los diálogos supuestamente serios, que en el filme de Amenábar resultaban creíbles y naturales y que aquí son trasladados a un contexto insípido, en medio de las bufonadas que sueltan sus protagonistas, proporcionan un contraste imposible).

Nos encontramos, pues, ante un despropósito de película pretendidamente "inteligente", cuyos responsables nos quieren hacer creer que con un buen guión y un elenco de estrellas al frente se puede colar una película en las taquillas. Y no les falta razón: la artimaña está surtiendo efecto. Esperemos que al menos ello sirva para que nuestro público se dé cuenta de que lo que tenemos aquí podría ser peor; la audiencia norteamericana seguramente no lo apreciará, pues se regocijará en sus producciones ignorando que detrás de una mala película de su país se esconde una buena película cuyo origen sobrepasa sus fronteras. Sami Natsheh (Alicante. España)


 

 
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