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Area: CineStar Wars: Episodio II: El ataque de los clones (Star Wars: Episode II: Atack of the Clones)
[ caché de Tempus Fungui: 13:28:45 - 20/07/2003 · Leído 1472 veces ]
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Publicado en:Pasadizo Análisis de Películas [ Link Original ]
STAR WARS: EPISODIO II: EL ATAQUE DE LOS CLONES (STAR WARS: EPISODE II: ATACK OF THE CLONES)

La princesa Amidala sufre un atentado, del que sale ilesa por fortuna, pero será requerida la presencia de los jedis Obi-Wan y Anakin para su protección. Mientras luchas intestinas se intentan hacer con el control de la República, Anakin y Amidala regresan a Naboo, iniciando allí un romántico idilio…

Ficha Técnica

Director
: George Lucas / Productor ejecutivo: George Lucas para Lucasfilm/20th Century Fox / Guión: George Lucas, Jonathan Hales, según argumento de George Lucas / Fotografía: David Tattersall / Música: John Williams / Montaje: Ben Burtt / Efectos especiales: ILM (visuales) / Intérpretes: Ewan McGregor (Obi-Wan Kenobi), Natalie Portman (senadora Padmé Amidala), Hayden Christensen (Anakin Skywalker), Ian McDiarmid (Palpatine/Darth Sidious), Samuel L. Jackson (Mace Windu), Christopher Lee (Conde Dooku/Darth Tyranus), Pernilla August (Shmi Skywalker), Jack Thompson (Cliegg Lars), Anthony Daniels (C3PO/Teniente Dannl Faytonni), Frank Oz (Yoda), Andrew Secombe, Oliver Ford Davies, Silas Carson, Kenny Baker, Ahmed Best, Jimmy Smits, Ayesha Dharker, Joel Edgerton, Bonnie Piesse… / Nacionalidad y año: USA 2002 / Duración y datos técnicos: 142 min. color 2.35:1.

Comentario La sala está completa. Un murmullo ensordecedor atestigua la expectación que levanta la proyección, casi se puede palpar el aire de fiesta. Cuando las luces se apagan, la platea entra en ceremonial silencio, hasta que las palabras mágicas aparecen en pantalla: Star Wars. Yendo de lo general a lo particular, una palabra basta para concretar la esencia de todo el film: sobre-recargamiento. El Imperio Lucas no ha escatimado en gastos, y su director, sabedor de la buena acogida que tiene toda la imaginería propia de sus películas, construye este Episodio II sobre un lujosísimo armazón capaz de entusiasmar al más pintado. De este modo, el espectador se ve apabullado a cada plano, llenando el scope, no sólo de izquierda a derecha, sino de arriba a abajo (y porque no hay más planos dimensionales) con multitud de elementos circunstanciales. Cada cambio de secuencia viene acompañado por un cambio de escenario, en el que siempre hay lugar para el más-difícil-todavía y mostrar así un efecto especial aún más grandilocuente que el mostrado milésimas de segundo antes. Por cierto, no sabemos si alguien se habrá parado a contar el número de razas alienígenas que hay en esa galaxia, pero desde aquí nos aventuraríamos a decir que tienden al infinito, porque tres de cada cuatro personajes que aparecen en pantalla no son humanos (esto es, o virtuales o escondiendo su rostro bajo caretas). Puede que Lucas temiese una nueva huelga de actores que le dejase en la estacada, como ya ocurriera en la primera parte de la saga (ahora cuarta) Y todo esto justificado por una razón: desviar el punto de atención, alejándolo de lo que es la historia en sí y reconduciéndolo hacia toda la parafernalia visual. Con ello, el espectador pasa más tiempo atendiendo a los complementos digitales que a la historia, y a un guión bastante pobre en todos los aspectos. Con el Episodio I se abrió un debate en el que se discutía si realmente había algo más que contar o sencillamente debían dejarse las cosas como estaban. La infantil propuesta con la que inició el estadounidense esta nueva trilogía levantó ampollas, incluso en los círculos de fieles seguidores a la saga. Consciente de que se jugaba parte de su reputación, el magnate de Lucasfilm ha optado por legar un producto netamente auto-referencial, en el que también se da cabida a multitud de guiños cinematográficos, desde el western -Centauros del desierto (The Searchers, 1956), hasta el género fantástico –El quinto elemento (The Fifth Element, 1997), Blade Runner (Blade Runner, 1982)- y ya rizando el rizo, incluso el peplum. Para congeniarse de nuevo con gran parte del público, Lucas ha tomado como principal punto de inspiración la que según muchos se ha convertido en la cumbre de Star Wars, El Imperio contraataca (The Empire Strikes Back, 1980), de Irvin Kershner. Al igual que en ésta, Episodio II plantea el proceso de evolución de un personaje, en este caso Annakin Skywalker, futuro Darth Vader, y en la que un avatar familiar supondrá un punto de inflexión en el proceso evolutivo del héroe. Lamentablemente, Lucas no es Leigh Brackett o Lawrence Kasdan, y el perfil que traza para su Annakin Skywalker deviene excesivamente estereotipado, desnudándose desde el principio su carácter reaccionario y ultra, restando magnificencia a ese punto de inflexión a mitad de película que hemos mencionado. Aparte de este elemento, Lucas recurre a la narración paralela -sin llegar a mantener un ritmo adecuado, saltando continuamente de una a otra trama- separando a los personajes y planteando dos nuevas vías de desarrollo en la historia. Por un lado, tenemos a Annakin y Amidala viviendo un affaire romántico de lo más rosa, en donde el guión ofrece los momentos de mayor insustancialidad. Por otro lado, Obi–Wan se olvida de la fuerza y se mete a labores de investigador, un planteamiento interesante aunque finalmente superficial. Y es que Episodio II llega a aportar buenas directrices, como la de policial deductivo, o la ciencia-ficción de los cincuenta, por medio de la secuencia del circo romano, en la que un plano general en donde Obi-Wan se enfrenta portando una lanza contra una especie de araña gigante recuerda muy mucho a El increíble hombre menguante (The Incredible Shrinking Man, 1957), de Jack Arnold, y un tono general a lo Harryhausen. Por desgracia todo acaba por cerrarse en un entramado político-amoroso, en el que al tío George no le resulta suficiente con sugerirnos las similitudes entre esta galaxia lejana y la lejanísima época romana de la república y su esplendor imperial. No, la sutileza no es un concepto apto para grandes presupuestos (incluso se atreven a inculcar los valores de qué es lo bueno y lo malo) y, así, de continuo, se pone de manifiesto este complejo alarde comparativo, mediante el recurso y abuso de palabras como senado, república... vacías de contenido, pero que otorgan una cierta notoriedad para el caso que nos ocupa. Lucas ha sacrificado el espíritu lúdico y aventurero de la primera trilogía por un afán más pretencioso y perfeccionista, en donde la infografía devora cada plano, cada detalle, y resultar una película sin fuerza... que la acompañe. Luis M. Díaz Martínez (Madrid. España)

Comentario II

Una vez hubo un sueño, un sueño que soñamos juntos un buen número de miembros de esa generación que alguien dio por marcar con una X, un sueño que nos transportó más allá de esas antiguas, incómodas y mal sonorizadas salas de cine a una galaxia muy, muy lejana. Muchos de esos jóvenes espectadores quedamos marcados para siempre por ese sueño que nos abrió el gusto por temáticas, iconografías y estéticas que no hemos abandonado desde entonces. Ese sueño se llamaba STAR WARS.

Pero el tiempo pasó y ese sueño fue diluyéndose, los sueños e inocencia de la niñez se vieron sepultados por el peso de los años, las responsabilidades y las hipotecas. Solo quedaron pequeños rescoldos que no consiguieron prender con la primera parte de la saga que George Lucas dirigió 20 años después. Algunos incluso dijeron que el sueño había muerto, que nuestra niñez había muerto. Pero el sueño ha regresado, y brilla con una nueva y cegadora llama que ilumina de nuevo los oscurecidos recovecos de nuestra imaginación, y nos hace mirar otra vez, maravillados, con ojos de niño, la guerra de las galaxias.

Nostalgias aparte, lo que Lucas ha conseguido con esta nueva entrega de su epopeya galáctica es que recuperemos el sentido de la maravilla, que los curtidos veteranos de endurecido corazón disfrutáramos en la sala como un chiquillo más. Lucas nos ha dado por fin lo que los fans más adultos esperábamos sin defraudar al tiempo al resto del público, con una historia que ha madurado y cambiado al igual que nosotros y aunque la aventura y la magia siga ahí, hay algo más detrás, algo oscuro un sentimiento de fatalidad que envuelve la obra convirtiéndola ahora, más que nunca, en una verdadera space opera. No pierde todo aquello por lo que triunfa universalmente, sentimientos y experiencias arquetípicas que sobreviven en el inconsciente colectivo. Una amalgama de historias, mitos leyendas, cientos de influencias novelísticas, televisivas y cinematográficas tan poderosa y llamativa que termina convirtiéndose ella misma en una indiscutible referencia cultural de primer orden. Solo por eso, la obra de George Lucas aunque aun incompleta, ocupa ya un lugar destacado en la historia del cine.

Pero pasemos a centrarnos ya en esta nueva entrega de la saga galáctica. George Lucas y su colaborador Jonathan Hales nos embarcan ya desde el arranque del film en un trepidante viaje galáctico que nos lleva a un Coruscant Ciberpunk, y una historia detectivesca que ni William Gibson, ni el Ridley Scott de Blade Runner podrían habernos mostrado mejor (cosa que nos demuestra que Lucas y su equipo son permeables a lo mejor de la SF más contemporánea); maquiavélicas conspiraciones políticas dignas de la mejor tradición romana y renacentista, conflictos generacionales de dimensiones edípicas entre un Anakin adolescente y atormentado (brillantemente interpretado por el joven descubrimiento Hayden.Christensen) y su mentor-figura paterna Obi wan Kenobi interpretado por un Ewan MacGregor ya totalmente identificado con su papel, más destacado y rico en matices que en la primera entrega que nos lo hace más atractivo, interesante y próximo al Obi Wan de el episodio IV; conocemos una romántica y clásica historia de amor marcada ya desde el inicio por un sentimiento trágico de amor imposible, y teñida de un aura de fatalidad; un regreso a Tatooine en el que se nos narra uno de los episodios más trágicos e impactantes de Star Wars contado, además, de forma magistral en dos secuencias que pasarán a la historia de la saga; en el último tercio de la película se nos cuenta con pulso maestro, recuperando todo el espíritu épico de Star Wars, una serie de escenas de acción que desembocan en una batalla final de proporciones galácticas salpicada con emocionantes y dramáticos enfrentamientos personales (Obi Wan y Anakin vs Doku, Doku vs Yoda) de una gran perfección técnica y narrativa; finalmente el espectador observa impotente como los supervivientes disfrutan de un final engañosamente feliz enmarcado con los ominosos acordes de la marcha imperial donde los protagonistas han sido hábilmente manipulados por un Palpatine convertido ya en el verdadero protagonista en la sombra de esta primera trilogía. Un final premeditadamente paralelo al del Episodio V (plano final incluido) pero donde en este era un final dramático pero esperanzador aquí es el principio de una tragedia anunciada.

A nivel de guión vemos como cada vez se van haciendo encajar mucho mejor todas las piezas sin inconsistencias de importancia, en este Episodio II se logran atar muchos cabos que dejo sueltos en su anterior film permitiéndose incluso introducir magnificas secuencias para justificar simples frases de las anteriores películas (por ejemplo explicando porqué Obi Wan dijo que Yoda fue su maestro cuando en el Episodio I vimos que fue Qui Gon). Además el guión se aleja de la linealidad de los films previos de la saga (linealidad disimulada con la habitual división de las acciones de los protagonistas) aumentando su complejidad y contándonos (y muy bien) muchas más cosas. La única inconsistencia argumental grave, debida quizás a la confesada debilidad que siente George Lucas por sus dos personajes favoritos R2D2 y C3PO, la hayamos precisamente en el origen del androide dorado. Aunque gracias a esta "debilidad" hemos podido disfrutar en esta entrega de impagables momentos a cargo de la pareja cómica por excelencia de la saga.

En cuanto a las interpretaciones destaca como ya hemos comentado el trío protagonista Christensen-MacGregor-Portman bien respaldados por un numeroso elenco de secundarios entre los que destacan un maquiavélico Ian MacDormind como Palpatine, un entusiasta Samuel L. Jackson; Temuera Morrison uno de los nuevos hallazgos de la saga: un Jango Fett con una peculiar relación filial y por supuesto un imprescindible Christopher Lee cuyo conde Dooku nos trae recuerdos de otro conde en un papel que lo emparenta de nuevo y curiosamente salvando años reales y ficticios con otro actor de su generación siempre muy unido a él: Peter Cushing.

Dentro de los actores virtuales destacar a ese creíble Yoda (cuya voz sigue corriendo a cargo de Frank Oz) que de una vez por todas demuestra porque es un maestro Jedi y se aleja de la imagen algo arrogante que nos había dado en el Episodio I mostrándose más vulnerable y atormentado y finalmente Jar Jar Binks personaje que, con una breve aparición, adquiere un nuevo significado y que hace realidad la frase "no hay nada peor que un idiota con buenas intenciones".

Los efectos especiales, elemento primordial de cualquier película de este genero, alcanzan en esta nueva entrega cotas de perfección, preciosismo y detalle sin parangón en el medio, demostrándonos una vez más que la Industrial Light and Magic es un referente y pilar fundamental en el mundo de los fx. La interactuacción de personajes reales con decorados y actores virtuales son ya casi inmejorables y las innovaciones y el desarrollo de herramientas ya existentes (dinámica de fluidos y de telas, iluminación, animación facial…) llegan a niveles que les hacen casi indistinguibles de sus homólogos reales.

Si esta perfección e inventiva técnica la unimos a la desbordante imaginación de un ejercito de artistas de primer nivel, comandados por un Lucas que aúna, alienta y dirige con la firmeza del autor que sabe exactamente lo que quiere mostrar y transmitirnos, nos encontramos con un preciosista y barroco macro espectáculo visual sin precedentes en la historia del cine.

Pero quizás el verdadero merito de este film y de Lucas no este en esa indiscutible perfección formal, el merito se encuentra en que la historia no es una excusa para mostrarnos nuevos e increíbles efectos, sino que estos se supeditan a la narración la envuelven, la ambientan y la hacen creíble dentro de su contexto fantástico.

Convendría quizás analizar por ultimo, cómo Lucas ha conseguido con este Episodio II lo que no consiguió en el Episodio I. ¿Quizás fue (premeditadamente) un anticipo de lo que vendría o es que ya ha conseguido recuperar ese toque de genialidad que le llevó a crear el Episodio IV? Probablemente sea un conjunto de ambas cosas, en la primera vimos a un George Lucas adocenado, demasiado conservador un George Lucas que ahora se ha dado cuenta de que es su lado más imaginativo, más valiente, más "mágico" el que es capaz de que el publico recupere el sentido de la maravilla que provocó su Episodio IV. Cuando él ha vuelto a confiar en si mismo y escuchar a su publico es cuando su publico le ha respondido volviendo a confiar en él.

Y esta vez, ese público no ha sido defraudado. Jaime "Maniac" Cenalmor y Carlos F. Cenalmor (Alcalá de Henares, Madrid)


 

 
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