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Area: CineSpider-Man (Spider-Man)
[ caché de Tempus Fungui: 13:29:02 - 20/07/2003 · Leído 1490 veces ]
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Publicado en:Pasadizo Análisis de Películas [ Link Original ]
SPIDER-MAN (SPIDER-MAN)

El tímido estudiante Peter Parker es mordido por una araña alterada genéticamente mientras visita un laboratorio experimental, lo que le confiere extraordinarios poderes arácnidos y con los que defenderá a la ciudad de Nueva York y a sus seres queridos de la terrible amenaza del Duende Verde.

Ficha Técnica

Director:
Sam Raimi / Producción: Laura Ziskin, Ian Bryce para Columbia/Marvel Entertainment/Sony Pictures Entertainment / Guión: David Koepp, sobre el cómic de Stan Lee y Steve Ditko / Fotografía: Don Burgess / Música: Danny Elfman / Montaje: Arthur Coburn, Bob Murawski / Diseño de producción: Neil Spisak / Efectos Especiales: John Dykstra / Intérpretes: Tobey Maguire (Peter Parker/Spider-man), Willem Dafoe (Norman Osborn/Duende Verde), Kirsten Dunst (Mary Jane Watson), James Franco (Harry Osborn), Cliff Robertson (tío Ben), Rosemary Harris (tía May), J.K. Simmons (J. Jonah Jameson), Randy Poffo (Bonesaw McGraw), Joe Manganiello (Flash Thompson), Jack Betts (Henry Balkan), Gerry Becker (Maximillian Fargas), Bill Nunn (Joseph "Robbie" Robertson), Stanley Anderson, Ron Perkins, K.K. Dodds, Ted Raimi, Bruce Campbell, Elizabeth Banks, Stan Lee… / Nacionalidad y año: USA 2002 / Duración y datos técnicos: 131 min. C 1.85:1.

Comentario

Estamos sin lugar a dudas no sólo ante una de las mejores adaptaciones al cine de un personaje del cómic, sino también con una de las más fieles al original. Resulta patente el cariño puesto por Sam Raimi en cada plano, cada escena, haciéndose más que evidente su afinidad con el personaje desde su confesada faceta de lector de tebeos.

El filme engancha desde el principio: a partir del épico tema compuesto por Danny Elfman acompañando a una catarata de velocísimas imágenes de portadas de cómics Marvel, y tras unos imaginativos títulos de crédito, nos adentramos de inmediato en la historia narrada voz en off por Peter Parker, en lo que es un gigantesco flash back que ocupa por tanto el metraje total del filme (recurso con brillantes antecesores en la historia del cine). Es este el primer acierto de la película, hacernos cómplices sobre la marcha de la evolución como persona del protagonista, de tímido estudiante al mayor héroe de todos los tiempos (como icono heroico, junto con Superman), otorgando a hechos poco comunes un halo de cotidianidad bastante afín al espíritu de las historietas.

Como espectador, se agradece que el guión de David Koepp sea inteligente, cinematográficamente hablando, y no nos trate como a doctos en la materia, apartándose así del defecto de muchas otras adaptaciones al cine de pulps o cómics, hechas únicamente para entendidos en la materia. Así, este Spider-man cuenta sin acrobacias narrativas, como si de una historia original se tratase y por medio de una estructura clásica de relato de aventuras (prólogo, tres actos y desenlace), la iniciación de todo ser humano, el tránsito de adolescente a hombre, la pérdida de la inocencia por una vida adulta. Se evidencia también en la ternura como son tratados todos los personajes, con pinceladas que dejan definidas sus motivaciones, sus temores y sueños, en una historia que resulta coral, en cierta manera. Algo no conseguido por muchas de las últimas películas de acción.

Lo mismo cabe decir de la dirección de Sam Raimi, que aquí, a diferencia de otros títulos, elabora un trabajo más académico, si por ello entendemos una menor profusión de ángulos imposibles, cámaras subjetivas montadas en objetos a gran velocidad o zooms apabullantes. Sin dejar de lado su gran personalidad como cineasta, que se deja notar en el modo de resolver maravillosamente escenas como la elección de un coche por Peter Parker o la pelea entre Duende Verde y Hombre Araña en un edificio en llamas (empleando una cámara lenta heredera de Matrix pero sublime en cuanto al uso de la planificación), Raimi introduce hermosas panorámicas, planos angulados y algunos cenitales, pero acercándose con elegancia a los actores, dejando que la cámara se empape de ellos, en concreto en las escenas de diálogo más intimistas, en especial las de Peter con Mary Jane, pero también aquellas entre Peter y Harry o éste con su padre Norman. Digna de mención resulta, a juicio del firmante, la elección de un formato cinematográfico reducido (y no el cada vez peor usado 2:35), que acerca la historia a lo cotidiano, al espectador, análoga a la planificación en viñetas de los comic books.

El apartado técnico, fundamental en una producción de estas características, no defrauda, y uno de los platos fuertes, los efectos especiales, no deja de sorprender (a estas alturas) sin apabullar, siendo medio más que fin en sí mismos. Curiosamente, parecen pulirse más a medida que avanza la película, como acompañando la pericia acrobática de Spider-man, siendo las mejores tomas en cuanto a fidelidad de movimientos del lanzarredes aquellas previas al final, y las peores (que no malas) las de Peter sin el traje, saltando sobre los tejados nada más descubrir sus poderes y las de la primera persecución a un criminal. La fotografía resulta muy apropiada para la historia, con brillantes escenas diurnas y una hermosa profusión de colores en pantalla y escenas nocturnas más oscuras, pero no por ello menos vistosas (todo el final desde el enfrentamiento en el puente de Brooklyn).

Sam Raimi es un director que se ha caracterizado siempre por su acierto en la elección de actores y Spider-man no es la excepción. Los intérpretes están todos espléndidos, metiéndose de lleno en sus personajes, aportándoles infinidad de matices hasta hacerlos creíbles y queridos a la audiencia. Desde mi punto de vista, merecen especial mención Willem Dafoe, actor curtido y siempre interesante, aquí un pelín pasado de rosca a veces, aunque perfecto en su doble encarnación, risa maligna y humor macabro incluidos (impagable la mirada a tía May, mientras afila un cuchillo de trinchar, tras propinarle aquélla una palmada en la mano), lástima que el doblaje español no le acompañe… También es notable la interpretación de James Franco como Harry Osborn, en su atormentada soberbia y su sueño (premonitorio) de ser algún día algo más que el hijo del exitoso Norman Osborn (estimable la forma que trata el guión a esta relación paterno-filial tan kazaniana), o la de J.K. Simmons, perfecto en su papel del socarrón y malhumorado J.J. Jameson, sin olvidar, claro, al cada vez más amojamado Cliff Robertson (y su peluquín en forma de gato cabreado).

Dejo para el final la gran sorpresa, al menos para mí, que no he seguido de cerca su carrera: Tobey Maguire, a quien jamás pensé que vería como el mejor Peter Parker que nunca imaginé. Destaca la sensibilidad con la que interpreta cada una de las fases por las que atraviesa el personaje, desde el timorato estudiante, diana de las burlas de sus compañeros, hasta el hombre adulto, dispuesto al sacrificio y valiente en sus acciones, que ha aprendido que un gran poder conlleva una gran responsabilidad, pese a quien le pese, con todas las desagradables consecuencias que ello implica. Maguire aporta una profundidad dramática, una sabiduría interpretativa al modo de acercarse a un personaje salido de un cómic, inaudita en otras adaptaciones (salvo claras excepciones como el Magneto de McKellen), que hace que el espectador enseguida se identifique con Peter Parker, que se sufra con él, se ilusione cuando él lo hace, hasta entender su a priori incomprensible decisión última (¡cómo se agradece un final coherente y dramáticamente comprometido de vez en cuando!). Y consigue lo difícil en estos casos, hacernos creer que sigue siendo él, Maguire, bajo la máscara del trepamuros.

En otro aspecto de cosas, las más relacionadas con el personaje del cómic en que se basa Spider-man, mucho se ha hablado previo al estreno en círculos afines sobre las licencias que se toma la película respecto al original. Es de dominio público que ahora Peter Parker produce y lanza sus propias redes sin necesidad de un fluido arácnido ni de mecanismo alguno (genial la escena en que descubre esta nueva faceta y la solución hasta llegar a colocar los dedos en la ya archiconocida pose), o que la araña que le pica confiriéndole los poderes es un experimento genético, más acorde con estos tiempos, que una araña radiactiva. Hay otras variaciones leves de la trama original, consistentes en mezclar argumentos de varias historietas, cambiando algunos acontecimientos. Sin desvelar nada de la película, cabe decir a los fans que no teman, pues el espíritu original está ahí, intacto (si no son tan fanáticos como para que les irrite que Flash no sea rubio), y que este Spider-man recuerda a la mítica etapa Lee-Ditko con toques de Romita (incluso el plano final de Parker alejándose voz en off es Ditko puro).

Por otro lado, creo que las aportaciones de la película al mito spidermaniano son importantes. Se muestra una separación mucho más clara que en las historietas (obligada por la limitación del tiempo cinematográfico), entre los ambientes ricos y pobres, representados por los Osborn por un lado y los Parker y Mary Jane Watson por otro, donde las ansias de Mary Jane de salir de ese agujero de miseria, de ser rica y famosa, le hacen ser ciega a las más que evidentes pruebas de amor de Peter. Testimonio de este aspecto social en el filme de Raimi es que, antes de usar sus nuevos poderes de forma altruista, Peter los emplea para ganar dinero, pensando así que conseguirá de una vez el amor de Mary Jane, error en el que cae también Harry Osborn (tremenda la dureza con que Norman Osborn le manifiesta a su hijo para qué están las mujeres atractivas cuando se tiene dinero). Otro apunte interesante es que el Duende Verde vea al Hombre Araña como su igual (hay un momento en que pudiendo levantarle la máscara y descubrir su identidad secreta, no lo hace, en señal de respeto) e intente ganarle para la causa, de ahí que el rechazo del lanzarredes provoque la ira del Duende, que a partir de entonces se toma su destrucción física y anímica como algo personal ("¡nadie me desprecia!" grita indignado), lo que puede interpretarse como la negativa de Spider-man a una aceptación social, el miedo a una posición de primacía por primera vez en su vida, estatus que rechaza a cambio de mantener las enseñanzas familiares y la promesa hecha a su tío. A partir de ese instante el trepamuros se aparta de lo socialmente aceptado, en una clara transposición del sueño americano de éxito y fama a una aceptación más individualista y humana de las propias limitaciones.

Esto podemos unirlo a otro aspecto siempre presente en las historias del Hombre Araña, alterado en la película, y es que en lugar de ser vilipendiado y temido por la gente, Spider-man es defendido por una muchedumbre cuando está a merced del Duende, quien recibe una manta de piedras y palos. Tal vez sea ésta una de las pocas escenas que me han molestado de todo el filme: toda esa gente gritando "si atacas a uno de nosotros nos atacas a todos" resulta excesivamente post-11-de-septiembre para mi gusto. Acierto o no, todo lo anteriormente expuesto no ha de ser visto como una profanación del mito sino como aportaciones de un arte, el cine, a un personaje, Spider-man, que cumple 40 años y al que se puede aún enriquecer de muchas maneras.

Resumiendo: una excelente adaptación al cómic, que gustará a los fans del trepamuros (entre los que me cuento), además de una buena película y un entretenido filme de acción que no aburrirá al público en general, idóneo para ver más de una vez y que tendrá de seguro un gran éxito de taquilla. César Ibáñez Chiarcos (Madrid. España) 21 de junio de 2002


 

 
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