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Area: CineOperación Swordfish (Swordfish)
[ caché de Tempus Fungui: 13:32:03 - 20/07/2003 · Leído 1326 veces ]
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Publicado en:Pasadizo Análisis de Películas [ Link Original ]
OPERACIÓN SWORDFISH (SWORDFISH)

Un carismático y misterioso ex espía planea robar el fondo para sobornos de la DEA (Agencia Antidrogas Americana) asaltando un banco a plena luz del día utilizando una docena de mercenarios, armamento sofisticado y los servicios de uno de los mejores piratas informáticos del mundo.

Ficha Técnica

Director: Dominic Sena / Productores: Joe Silver, Jonathan D. Krane para Warner Bros. / Guión: Skip Woods / Fotografía: Paul Cameron / Diseño de producción: Jeff Mann / Montaje: Stephen Rifvkin / Música: Christopher Young, Paul Oakenfold / Efectos visuales: Boyd Shermis / Intérpretes: John Travolta (Gabriel Shear), Hugh Jackman (Stanley Jobson), Halle Berry (Ginger Knowles), Don Cheadle (Agente A.D. Roberts), Sam Shepard (Senador Reisman), Vinnie Jones, Camryn Grimes, Rudolf Martin… / Nacionalidad y año: USA 2001 / Duración y datos técnicos: 99 min. color.

Comentario dúplex

El publico quiere finales felices

Swordfish tiene un comienzo contundente y espectacular que nos sitúa desde un principio en medio de la trama. Para quien firma esto se trata de uno de los mejores inicios que nos ha dado el cine en los últimos años:

El personaje de Travolta protagoniza un largo monólogo donde diserta sobre el cine que se hace actualmente en Hollywood y sobre la película Tarde de perros, de Sidney Lumet, divagando sobre la posibilidad de que en aquélla los secuestradores hubieran podido ejecutar a sus rehenes. El espectador, desorientado ante la larga parrafada, pronto descubrirá la relación directa con esa referencia cinematográfica. Escasos minutos más tarde, desvelada la sorpresa, una espectacular explosión (con un claro referente) dará pie a un largo flash-back que nos trasladará a cuatro días atrás en el tiempo. Una vez explicada la cadena de acontecimientos que ha derivado en este clímax, la historia regresará de nuevo al tempo narrativo de su inicio y al mismo escenario, para concluir varios minutos más tarde tras alguna que otra nueva sorpresa.

Admitiendo que se trata de un producto con marcadas limitaciones, y acotado dentro de un género específico —donde prima la acción sobre la atonía, la espectacularidad sobre lo insulso y el arquetipo sobre la complejidad psicológica— que no permite demasiadas innovaciones argumentales, es justo reconocerle a Swordfish que cubre y supera con creces las expectativas depositadas en el producto.

Swordfish sabe sacarle partido a un argumento esquemático que sirve de pretexto para desarrollar un guión aparentemente simple pero efectivo en su construcción, con algunos momentos incluso brillantes en la utilización del montaje y las elipsis, logrando con ello una narrativa donde desaparecen los tiempos muertos o las escenas de relleno, donde se simplifica y se va al grano y a lo concreto en todo momento. Tal vez gracias a ello la duración de la película apenas sobrepasa la hora y media de metraje, apartándose de la pauta dominante en la mayoría de producciones de hoy en día, que confunden duraciones exageradas con calidad cinematográfica.

Semejantes alabanzas se deben dirigir también a su efectivo y ajustado reparto, con unos actores que, aunque condicionados por el esquematismo del dibujo de sus personajes, saben dar a estos los suficientes rasgos de humanidad para que el espectador no los observe como simples bustos parlantes. Así, John Travolta parece sentirse como pez en el agua con una caracterización que le permite ironizar y desmelenarse, Hugh Jackman hace creíble su caracterización de «duro con corazón» —a lo que ayuda su presencia física, que en todo momento parece evocar la imagen del Clint Eastwood de los años 60—, Halle Berry aporta la nota de belleza exótica, sexualidad y misterio que su personaje necesita, y Don Cheadle dota de suficiente humanidad al agente de policía al que encarna.

Si a esa, a ratos brillante, corrección narrativa e inteligente elección de casting le sumamos una cuidada fotografía donde se destaca el uso de tonos calientes para las tomas diurnas —naranjas y ocres que dotan de luminosidad los escenarios urbanos donde transcurre la acción— y de tonos verdosos y metálicos para las nocturnas; un diseño de producción moderno ligeramente sesentero; un evidente derroche de medios económicos y técnicos; y una dirección de impecable factura —toda una sorpresa viniendo del responsable de cintas como Kalifornia o 60 segundos, de las que sólo tengo malas referencias— no es de extrañar que la sensación final sea la de que nos encontramos ante una de las mejores cintas de acción de los últimos años.

Acción que, por otra parte, no inunda de principio a fin cada plano de la cinta. Si nos detenemos a analizarlo, descubriremos que apenas hay cuatro escenas de «pirotecnia» en toda la película: su explosivo arranque, el hostigamiento a pie de Jackman y Cheadle en el barranco, la persecución automovilística nocturna y la accidentada fuga aérea con el autocar colgando por encima de Los Angeles. Sin embargo, la sensación final es la de haber asistido a un gran espectáculo.

Si nos fijamos en los créditos nos daremos cuenta también de que no es casualidad que tras esta pequeña joya del entretenimiento se halle la figura del productor Joe Silver, astuto sujeto con enorme olfato comercial al que se le deben la existencia de títulos tan respetables en el género como Límite: 48 horas, Arma letal, La jungla de cristal, Depredador, Decisión crítica o Matrix. No es de extrañar, pues, que Swordfish reúna la cantidad exacta de historia, pericia narrativa, talento profesional, acción y entretenimiento que hacen de ella un producto ideal para evadirse y pasar el rato, y que justifica el pago de la entrada.

Pero no sería del todo justo el afirmar que todo son virtudes en Swordfish. La película contiene también unos cuantos defectos, algunos de ellos, ciertamente menores, y comunes a otras producciones de menor valía —como insistir en esa manía de presentar a los operadores informáticos como freakis de la tecnología, o usar confusamente terminología y tecnicismos informáticos, o recurrir al típico momento donde el protagonista aparecerá tecleando vertiginosamente un teclado, etcétera...—. El más grande de todos ellos, si nos detenemos en él, es la ideología fascista que se desprende de su subterráneo discurso: «el fin justifica los medios». Discurso defendido por el personaje que interpreta Travolta y que, por extensión, parece trasladarse al «mensaje» de la película en su plano final. Gabriel Shear busca acabar con el terrorismo internacional que ataca al modo de vida americano, y para conseguir tan respetable propósito no duda en robar, secuestrar y matar a todo aquel que se interponga en su camino, ya sean políticos corruptos, terroristas o comunes ciudadanos.

Es lamentable que un producto de simple y eficaz entretenimiento como es esta película guarde en su interior tan venenoso mensaje que está a punto de estropear su muy aceptable propuesta. Pero tampoco es la primera vez que Hollywood produce bombones envenenados y, por otra parte, la ingenuidad y esquematismo con que Gabriel defiende su postura casi le resta «peligrosidad» al postulado.

Si el espectador sabe apartar la paja del grano y quedarse con lo bueno —entendiendo que los motivos de Gabriel, por rechazables que sean, son meros pretextos argumentales, el macguffin que la historia necesita para justificar la narración y que no se ha de tomar demasiado en serio—, no dudo que pasará un buen rato. Siempre, claro, que sepa valorar el divertimento y no guarde enquistados prejuicios hacia este tipo de cine.

Manuel Ribera Pérez (Madrid. España)

Tiros, explosiones, persecuciones, puñetazos, chicas...

Cuando llega el verano nuestras salas siempre se llenan de producciones insulsas y mediocres: son las rebajas de las salas de cine, pero únicamente en la calidad cinematográfica y no en el precio; a veces dentro del desierto se puede uno encontrar un oasis, pero este no es el caso en este subproducto mediocre. Veámoslo.

La historia que nos cuenta, aparte de ser fascista, narrativamente se encuentra mal construida, dejando muchos cabos sueltos en la misma. Cuando uno realiza cualquier tipo de historia se debe respetar la ficción en la que se enmarca y resultar seria en sus postulados, proposición esta que brilla por su ausencia en el film que nos ocupa, en el cual las situaciones disparatadas son abundantes; destruyen casi todo un barrio durante una persecución y no pasa nada, la policía no aparece y luego ni se menciona el hecho; o bien que un pirata informático intente averiguar unos códigos de acceso a un banco de datos en menos de un minuto con una pistola apuntándole a la cabeza, mientras a la vez le realizan una felación; es la ley del todo vale.

El leit motiv del film es igual de absurdo; asaltar la base de datos de un banco para transferir dinero (propiedad de los USA) para así subvencionar las acciones de un grupo de élite antiterrorista americano creado por el gobierno, todo ello contra la legalidad del Estado para preservar el american way of life y eliminar a los terroristas que amenazan Norteamérica, que para más inri ahora todos son árabes. El fin justifica los medios.

Los actores de la película no saben qué hacer, ya que sus personajes ni siquiera están semidesarrollados, como se observa en el personaje del policía (Don Cheadle), ya que sólo sirve de mera comparsa a los dos personajes principales, sin apenas relevancia, con el único fin de demostrar su brutalidad policial al sacarle la declaración a un detenido por la fuerza. Los dos protagonistas son de lo más obvio; el malo malísimo interpretado por un regordete John Travolta, que en ocasiones roza el ridículo sin apenas cambiar el registro interpretativo de Campo de Batalla la Tierra, y también está su antagonista, Hugh Jackman, quien encarna al arquetípico padre de familia responsable, que en otros tiempos ejerció la piratería informática a lo que ya no se dedica, y que lucha para conseguir la custodia de su hija en manos de su ex mujer, ahora una mala víbora que no se la deja ver y que se dedica al negocio del porno.

Tanto la dirección y fotografía son bastante planas, típicas en este tipo de producciones, como la saturación de primeros planos, cámara en movimiento perpetuo, planos generales enseñándonos todo lo que se han gastado para solo ver aspavientos como un autobús secuestrado por un helicóptero, etcétera... Se busca alguna excusa para introducir en cualquier momento del film secuencias de acción. Si a todo esto le añadimos que los productores son los responsables de Matrix la marca de la casa queda patente con la inclusión de efectos visuales (cámara en multiángulo y al ralentí, tan solo usado en la secuencia que abre la película).

Acabando ya, merece hacer una última lectura a la película sobre el papel que ejerce la mujer en el film, y el resultado no es nada halagador; manipuladoras y a la vez manipulables, drogadictas, prostitutas... Un poco misógina sí que resulta, al fin y al cabo.

Resumiendo; tiros, explosiones, persecuciones, puñetazos, chicas... Solo eso y nada más. Seguiremos a la espera de otros productos más atractivos.

Francis A. Díaz (Madrid. España)


 

 
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