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Area: CineMinority Report (Minority Report)
[ caché de Tempus Fungui: 13:32:55 - 20/07/2003 · Leído 1568 veces ]
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Publicado en:Pasadizo Análisis de Películas [ Link Original ]
Minority Report (MINORITY REPORT)

Importación

En un futuro no muy lejano la Humanidad disfruta de todo el confort y la comodidad que ofrecen los inimaginables avances tecnológicos. A pesar de todos esos lujos, hay un germen que impide la plena armonización del sistema: la criminalidad. Para combatirlo, el cuerpo de seguridad de Washington ha desarrollado un innovador programa de policía: precog. Valiéndose de los poderes precognoscitivos de tres dotados psíquicos, la policía se anticipa a la consumación de cualquier crimen, llegando a reducir así la tasa de homicidios a la nada.

Ficha Técnica

Director
: Steven Spielberg / Productores: Jan de Bont, Bonnie Curtis, Gerald R. Molen, Walter F. Parkes / Productores ejecutivos: Ronald Shusett, Gary Goldman / Guión: Scott Frank, Jon Cohen, según el relato de Philip K. Dick / Fotografía: Janusz Kaminski / Música: John Williams, Johann Sebastian Bach, Pyotr Il"ich Tchaikovsky / Montaje: Michael Kahn / Efectos especiales: / Intérpretes: Tom Cruise (John Anderton), Colin Farrell (Danny Witwer), Samantha Morton (Agatha), Max Von Sydow (Lamar Burgess), Lois Smith (Dra. Iris Hineman), Peter Stormare (Dr. Solomon), Tim Blake Nelson (Gideon), Steve Harris, Kathryn Morris, Mike Binder, Daniel London, Neal McDonough, Jessica Capshaw, Patrick Kilpatrick, Cameron Crowe, Cameron Diaz… / Nacionalidad y año: USA 2002 / Duración y datos técnicos: 140 min. color 2.35:1.

Comentario I

El sistema jurídico español (y cualquier otro que pretenda considerarse mínimamente civilizado) se construye sobre los cimientos de unos principios generales, que junto a la ley y la costumbre integran el triángulo de las fuentes del derecho. Entre ellos se encuentra el principio de legalidad, el cual garantiza que nadie pueda ser castigado por acciones u omisiones que en el momento de producirse no sean constitutivas de delito (o similares). O, por ejemplo, el principio de irretroactividad de las normas, mediante el cual no se podrá aplicar un nuevo precepto a sucesos o hechos acaecidos con anterioridad a su promulgación (siempre que no sean favorables). Pero, ¿qué pasaría si alguno de estos principios se quebrantase? Si, por ejemplo, una persona fuese arrestada, juzgada y condenada, ipso facto, antes de cometer su delito, ni siquiera la mera tentativa.

Precisamente, Minority Report se sitúa en dicha tesitura. En un futuro no muy lejano la Humanidad disfruta de todo el confort y la comodidad que ofrecen los inimaginables avances tecnológicos. A pesar de todos esos lujos, hay un germen que impide la plena armonización del sistema: la criminalidad. Para combatirlo, el cuerpo de seguridad de Washington ha desarrollado un innovador programa de policía: precrime. Valiéndose de los poderes precognoscitivos de tres dotados psíquicos, la policía se anticipa a la consumación de cualquier crimen, llegando a reducir así la tasa de homicidios a la nada.

He aquí el primer discurso narrativo de Spielberg, la perfecta ambientación y recreación de una supuesta sociedad futura para con ello cimentar el consiguiente desarrollo de la historia, y así confirmar y demostrar que su reincursión en la ciencia ficción no responde únicamente al encargo de finalizar el legado dejado por el maestro Kubrick (y cuyo estilo cinematográfico homenajea en algún que otro instante), sino a abrir una nueva etapa en su carrera cinematográfica.

Junto a este esqueleto, Spielberg desarrolla una trama propia de la novela negra más clásica, pero adentrándose en los intrincados mundos de Philip K. Dick, autor del relato en que se basa el film. Así, el policía John Anderton (Tom Cruise), un convencido más por la eficacia y fiabilidad del programa precog, inicia la angustiosa búsqueda de su inocencia al verse como autor de un futuro crimen en las imágenes proyectadas por el sistema. Y lo que es más curioso aún, no conoce de nada a su víctima.

Ya tenemos por tanto el segundo esquema narrativo de la película, una investigación policial en donde se altera el boceto tradicional del género policiaco. Ya no se trata de descubrir quién es el asesino (lo cual queda claro al principio de la película), sino de indagar en la identidad de su víctima y los motivos que le llevan a ello. Pero, aparte de todo ello, este paralelo tempo narrativo sirve para adentrarse en las laberínticas grietas mentales de algún personaje, o revisitar los tortuosos recuerdos del protagonista y descender con él al submundo de la droga, un universo tan caótico y deprimente como el de Dick.

Antes hemos mencionado la concesión que hace Spielberg al tristemente desaparecido Stanley Kubrick. Al igual que éste, en muchas de sus películas Spielberg recurre también a la música clásica para endulzar las secuencias en que John Anderton visualiza los crímenes retransmitidos por los precog. Aparte del director de La naranja mecánica, Spielberg también rinde tributo a otros como Paul Verhoeven, ya no solo por ese falaz anuncio de televisión, sino por la visión de un futuro coartado por las militarizadas y abusivas fuerzas de seguridad, quienes hacen uso de sus potestades para violentar la intimidad de los ciudadanos, un derecho civil que han perdido en favor de una mayor y "mejor" seguridad (lo que resulta habitual siempre que sucede una tragedia de grandes dimensiones). Tributos que, al contrario que su íntimo George Lucas, ha sabido dosificar en su justa medida, y no convertir la película en un constante baile de clichés cinematográficos.

Aparte del claro distanciamiento que supone Minority Report del cine meloso y facilón que últimamente reinaba en sus películas, Spielberg ha cambiado el estilo visual. Si en su primera etapa, como en E. T. El extraterrestre (E.T. the Extraterrestrial, 1982) recurría a los tonos pastel y el difuminado para trasladar el espíritu de los cuentos infantiles a la pantalla, en Minority Report combina los tonos metalizados con unas fuentes de luz saturadas, cegadoras, y recalcar así un futuro dominado por la mecánica y lo artificial o, lo que es lo mismo, lo falso, lo manipulado, en todos los sentidos.

Una sensación global nos queda una vez vista la película y que sirve de crítica para aquellos que opinan lo de "muerto el perro se acabó la rabia", y es que la delincuencia, en sus múltiples y variadas ramificaciones, es algo que no se puede erradicar. Lo queramos o no, hay que acostumbrarse a vivir con ella como enfermedad que es, en este caso, del mundo moderno. Luis M. Díaz Martínez (Madrid. España)

Comentario II

Es indudable que parte con ventaja aquel director que tiene la oportunidad de adaptar para la gran pantalla algo del trabajo Philip K.Dick. No en vano Desafío total y Blade Runner son seguramente grandes e inolvidables logros del séptimo arte gracias a que guardan en su columna vertebral la impronta del afamado escritor. Son obras de ciencia ficción que reúnen en poco más de 120 minutos las obsesiones, angustias e inquietudes de Dick: el desarrollo de un futuro cercano tan cómodo desde un punto de vista tecnológico como asolador por la falta de sentimientos, pero sobre todo las ansias de dominación del tiempo y de la realidad más tangible para la complacencia de los deseos y complejos psicológicos del individuo, de cada ego. Lástima que Steven Spielberg intente fusionar la propuesta de Philip K. Dick con la suya propia, ya de por sí raquítica y endeble como pocas, y además ose reducirla a un repertorio de imágenes que bebe más de los típicos thrillers policíacos del Hollywood de los 90 (algunos críticos han descrito cínicamente, y con toda la razón, a Minority Report como El fugitivo de la ciencia ficción) que de la temática fantástica ya sea en su vertiente literaria como cinematográfica.

Por eso, para el que escribe estas líneas, es grotesco intentar buscar algún punto de conexión entre la profundidad del mensaje del relato de Dick y el argumento de los guionistas de Minority Report, acaso algún destello en las interpretaciones de Tom Cruise y Max Von Sydow (sobre todo en la secuencias en las que sus personajes se ven tentados a cambiar su futuro), y acaso en el pasaje encuadrado en esa especie de templo cibernético que regenta un díscolo hacker (divertidas escenas que muestran a varios tipos satisfaciendo sus instintos más ocultos, ya sean sexuales como "de complejo de inferioridad", y garito que guarda cierta relación con aquella compañía de viajes "espacio-mentales" de Desafío total). Por lo demás, Minority Report no guarda mayor interés argumental. En verdad que esta película no dista mucho de ser una especie de Freejack - Sin identidad (Freejack, 1992) u otra cinta fantástica de videoclub similar, con más presupuesto y mejor campaña publicitaria, y que tampoco guarda tanta similitud con las clásicas películas de cine negro de los 40 como algún avezado crítico ha querido ver -ya tengamos el detective drogadicto apenado por sus recuerdos, ya tengamos imágenes insertadas como homenaje del clásico La casa de bambú (House of Bamboo, 1955) de Samuel Fuller-; de hecho, es triste comprobar cómo el meollo filosófico de la historia de Philip K. Dick se vea reducido aquí por los guionistas al enfrentamiento entre el protagonista y el enésimo malo de cartón de los telefilmes americanos (el magnate/político/policía corrupto...), apuntando la historia una vez más a algo tan distintivo de la sociedad americana como la obtención del éxito a través del fracaso del prójimo pero tan alejado tanto de la iconogrofía fantástica en general como ya no digamos del mensaje de Philip K.Dick.

Minority Report
es bastante entretenida, todo hay que decirlo, pero demuestra la falta de personalidad del director que firma la cinta; Spielberg cede a otros la mayoría de su trabajo, hasta el punto de arriesgarme a afirmar que Minority Report es un 60 % Scott Frank, un 25 % John Cohen y el resto Steven Spielberg. Significativo es que los mismos guionistas (sobre todo Scott Frank) hayan dirigido parte del filme, seguramente lo que ellos mismos escribieron sobre el papel, relegando la presencia de Spielberg a su sempiterna cursilería -el diálogo final entre Cruise y Morton, tan fofo como molesta pausa dentro del desarrollo dramático, y el flashback en una piscina pública cuyas tomas recuerdan a otra escena similar en A.I. (2000)-. Es como si con la edad el director de E.T. el extraterrestre (E.T. The Extraterrestrial, 1982) hubiera perdido la seguridad en sí mismo, asesorándose por ciertos profesionales más jóvenes que supuestamente conocen ahora mejor el mercado; algo que ya había hecho anteriormente, pues recordemos aquella escena de A.I. a lo "Mad Max" tan cercana a la estética industrial (con banda sonora incluida de uno de los grupos musicales heavy más emblemáticos del estilo, los Ministry de Alain Jourgensen) como alejada del adorno familiar de las películas de Spielberg. En Minority Report hay bastantes "traiciones" de esta clase, todas evidentemente escritas, construidas y dirigidas por los guionistas, y a la postre los detalles cinematográficos más refrescantes de todo el metraje: esa especie de homenajes a la entrañable Hammer (unos globos oculares que caen sangrientos encima del teclado de un órgano de iglesia, y el estupendo personaje paralítico que guarda los cuerpos de los "asesinos en potencia"), ese uso/abuso del Adobe Premier para montar escenas de acción en las que los comediantes huyen, luchan y se mueven como si les faltaran frames, copiando o haciendo suya la planificación ya mítica (por desgracia) de Matrix (The Matrix, 1999) o los anuncios de RoboCop (RoboCop, 1987) y esa frialdad heredada del mejor cinema noir de las partes más sosegadas.

Por otro lado, si en algo destaca Minority Report es en la reiterante utilización de la publicidad. Hace años, un grupo musical llamado Sigue Sigue Sputnik fue casi crucificado por estrenarse con un disco cuyos surcos contenían canciones y cuñas comerciales por partes iguales. ¿Por qué entonces se permite en el cine prácticas tan poco artísticas como las vistas en Minority Report, donde las marcas promocionales son tan abundantes como las frases de sus protagonistas? Es cierto que los filmes dependen para su realización de esta clase de publicidad, y que Minority Report no es por supuesto el primer largo en mostrar dentro de sus planos locuciones propagandísticas, pero a excepción de El chico de oro (The Golden Boy, 1986) -recordemos el bote de Pepsicola que cobraba vida-, nunca antes una película lo había hecho de manera tan descarada: se añade en el guión la descripción de ciertas máquinas que mandan mensajes publicitarios a los clientes que entran en una tienda, y se hace con la coartada futurística cuando realmente lo que se pretende es que el aficionado se impregne de las cuñas de la American Express, de Nokia, de Bulgari, o de otras multinacionales; ¡incluso el director llega a planificar una secuencia (la de la persecución en los grandes almacenes) de tal modo que, cuando el protagonista sale del encuadre, rápidamente se gire la cámara para enfocar (aunque el plano sale desenfocado, la verdad) el neón de un BurgerKing...! ¡Bochornoso!

Y si el uso de la publicidad comercial es abrumador en Minority Report, no lo es menos el de los efectos especiales; unos efectos especiales formidables pero que, una vez más, no están al servicio del desarrollo dramático. De hecho, algunas secuencias chirrían por culpa del trabajo infográfico: por ejemplo, es de juzgado de guardia despistar al espectador con unas plantitas carnívoras en 3D cuando se supone que lo más importante es el diálogo entre Tom Cruise y Jessica Harper, al fin y al cabo cuando se descubre lo que es el "minority report", el meollo de la historia (por cierto, curioso que en el futuro que describe esta película convivan los coches ultramodernos, capaces de trepar los rascacielos, con los radiadores u otro mobiliario "un poquito" más actual). A la par con estos dañinos efectos especiales surge un extraño sentido del humor tan ridículo como eficaz, tan chabacano como muy alejado de ese humor negro que aparentemente pretende alcanzar: los dichosos globos oculares botando por el suelo, todo el break escénico de la venda de los ojos con un par de personajes muy irrisorios...

En fin... Y para otra ocasión queda el estudio de ese mensaje solapado del filme que intenta responder a uno de los problemas más importantes que agarrota a la sociedad americana en estos momentos: la seguridad y los medios ilícitos (y no ilícitos) utilizados para conseguirla. En verdad, que este mensaje tendría que haber sido el verdadero leit motiv de Minority Report, pero visto lo visto... Juan Corral (La Coruña. España)


 

 
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