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Area: CineEl Señor de los Anillos: la Comunidad del Anillo (The Lord of the Rings: The Fellowship of the Ring)
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Publicado en:Pasadizo Análisis de Películas [ Link Original ]
EL SEÑOR DE LOS ANILLOS: LA COMUNIDAD DEL ANILLO (THE LORD OF THE RINGS: THE FELLOWSHIP OF THE RING)

El hobbit Frodo Bolsón vive una apacible y tranquila vida con su tío Bilbo en La Comarca. Mucho tiempo atrás, Bilbo corrió grandes aventuras con su viejo amigo el mago Gandalf, cosa inusual en un hobbit, y encontró un anillo que hace invisible a quien se lo pone. Pero tiempos difíciles corren por la Tierra Media y el Señor Oscuro del lejano Mordor, Sauron, se está haciendo más y más poderoso y quiere el Anillo Único, instrumento de poder absoluto que le permitiría gobernar la Tierra Media y esclavizar a todos sus pueblos. Alertado por Gandalf de que su anillo es el poderoso y maligno Anillo Único, Frodo, quien ha heredado el anillo de su tío, emprende la huida de la Comarca que ya no es segura porque Sauron ha enviado a los Nazgules (espectros del Anillo) a buscarle.

Ficha técnica

Director: Peter Jackson / Productores: Peter Jackson, Michael Lynne, Mark Ordesky, Barrie M. Osborne, Rick Porras, Tim Sanders, Jamie Selkirk, Robert Shaye, Ellen Somers, Frances Walsh, Bob Weinstein, Harvey Weinstein, Saul Zaentz / Guión: Frances Walsh, Philippa Boyens, Peter Jackson, según el libro El señor de los anillos: La Comunidad del Anillo de J.R.R. J.R.R. Tolkien) / Fotografía: Andrew Lesnie / Música: Howard Shore y Enya (canciones) / Montaje: John Gilbert / Intérpretes: Elijah Wood (Frodo Bolsón), Ian McKellen (Gandalf el gris), Viggo Mortensen (Trancos/Aragorn), Sean Bean (Boromir), Sean Astin (Samsagaz "Sam" Ganyi), Billy Boyd (Peregrin "Pippin" Tuk), Dominic Monaghan (Meriadoc "Merry" Brandigamo), Orlando Bloom (Legolas), John Rhys-Davies (Gimli), Christopher Lee (Saruman el blanco), Ian Holm (Bilbo Bolsón), Hugo Weaving (Elrond), Cate Blanchett (Galadriel), Liv Tyler (Arwen Undómiel), Andy Serkis (voz de Sméagol/Gollum en la versión original)... / Nacionalidad y año: USA 2001 / Duración y datos técnicos: 178 min. - color - 2,35:1 - Super 35

Comentario I

Para muchos aficionados el libro El Señor de los Anillos es una obra mítica, de la que ya hubo una adaptación cinematográfica, la de animación de Ralph Bakshi del año 1978, que, aunque interesante, está lastrada por quedar inconclusa y por varios fallos importantes, como su indefinición sobre el tipo de público al que iba dirigido: adultos o niños.

Tras muchos años de espera por fin llega esta versión en un tono, ahora sí, completamente adulto, no como su antecesora de animación. El responsable de esta gigantesca producción es un neozelandés de 40 años llamado Peter Jackson, autor de películas de culto como los gores Mal gusto (Bad Taste, 1987) y Braindead - Tu madre se ha comido a mi perro (Braindead, 1992), la deliciosa y fantástica Criaturas celestiales (Heavenly Creatures, 1994) o el falso documental Forgotten Silver [tv: La verdadera historia del cine, 1996].

Inicialmente, lo que iba a ser un proyecto relativamente modesto de 100 millones de dólares para hacer dos películas se ha convertido, en buena parte gracias a Internet y a la expectación generada en todo el mundo, en un mastodóntico proyecto de más de 300 millones de dólares para tres películas que se han rodado simultáneamente durante 14 largos meses en Nueva Zelanda y que se irán estrenando con un año de diferencia entre una y otra.

Lo que vemos en esta primera película es la adaptación de La Comunidad del Anillo, primero de los tres tomos que componen El Señor de los Anillos. Por motivos comerciales también se ha cogido un capítulo del segundo libro para ofrecer un final más adecuado e impactante; todo un acierto como se puede comprobar.

Por una vez, la esencia del libro y el respeto a la obra escrita están en la película. Peter Jackson es un fan del libro y ya dejó claro que lo iba a seguir de forma respetuosa en diversos cuestionarios realizados por Internet por fans del libro, que dejaron a los recelosos aficionados muy esperanzados.

Lógicamente se han realizado cambios argumentales, porque es imposible narrar todo lo que cuenta Tolkien en el tiempo que dura la película y, además, el ritmo en el libro a veces es demasiado pausado y poco cinematográfico, con descripciones muy densas y numerosos poemas y canciones. Muchos de los cambios se han hecho para dotar de una mayor espectacularidad a la película y hay que decir que en general quedan francamente bien. Curiosamente, tras ver la película, la mayoría de opiniones ante dichos cambios, incluso de los fanáticos más extremos del libro, ha sido positiva.

Personalmente, la película me ha encantado. No es una obra maestra, pero me parece una excelente adaptación con muy pocas cosas negativas y muchas positivas. En suma es una gran película fantástica y de aventuras a la altura de la magia que irradian clásicos como las fantasías orientales de Ray Harryhausen, Excalibur, Conan el bárbaro o Los vikingos. Soy un fan del libro, pero también cinéfilo, y si hubiera salido una mala película lo diría sin ambigüedades. Las 2 horas y 47 minutos se me pasan en una exhalación y no aburren en ningún momento. Gran parte del público sale deseando que hubiera durado una hora más al menos (el DVD ofrecerá 40 minutos extras). Eso sí, es una película para ver más de una vez, sobre todo si se ha leido el libro, y a buen seguro que serán muchos los que repitan.

Detenta todo los ingredientes de las buenas películas de aventuras y del género fantástico en su variante medieval o pseudomedieval, con algunas constantes habituales del género: la amistad, el honor, el deber, la confianza y la desconfianza, la codicia, el odio, las dudas, la eterna lucha del bien y del mal, el poder que puede corromper hasta a los mejores, las situaciones límites de un pequeño grupo heterogéneo, una misión casi imposible que cumplir atravesando las líneas enemigas, el amor, la épica...

Que quede claro que no vamos a ver novedades formales, narrativas o visuales, porque no hacen falta. Esta no es una película experimental, sino una gran producción con todo estudiado y cuidado al milímetro.

Analicemos los diversos aspectos que definen a la película:

Guión:

Los que no hayan leido el libro pueden verse algo abrumados a ratos por la cantidad de personajes e información y, quizás, algo perdidos en ocasiones. Todo se explica bien, pero hay tal riqueza de detalles que el profano no las va a poder captar. Eso sí, incluso sin haber leido el libro ni tener la menor idea del argumento es una película de aventuras impecable que se puede seguir perfectamente.

Para los que hayan leido el libro es todo un deleite para los sentidos, porque en todo momento sabe transmitir lo que Tolkien escribió con algunos pequeños cambios. Unos sirven para acelerar la acción y presentarnos a los personajes de forma más directa, mientras que otros dotan de mayor espectacularidad a la película. Otro, directamente, da un mayor protagonismo femenino unificando a dos personajes del libro en el personaje de Arwen protagonizado por Liv Tyler.

Los personajes están perfectamente definidos con numerosos matices, aunque algunos lo están por detalles que sólo quien haya leido el libro podrá captar. Es magistral el guión en este sentido, porque era un punto muy complicado y se ha hecho de forma excelente. Al ser muchos personajes, algunos pueden parecer faltos de desarrollar, sobre todo si se toma esta película como una unidad, pero es que es en las siguientes películas donde adquieren mayor protagonismo; aquí simplemente los conocemos un poco. No olvidemos que estamos ante una película coral que no se centra en dos o tres personajes concretos y que estamos ante una trilogía donde todos tienen su protagonismo.

Hay una extrema riqueza visual en los detalles que pueden pasar desapercibidos para quien no haya leido el libro o no lo tenga fresco. El aficionado a los detalles y a lo sugerido más que mostrado estará encantado, así como el aficionado que ve cómo se trasladan esos detalles a la película de forma muy inteligente y eficaz.

Hay varios homenajes a la película de animación de Bashki, incluso con frases literales que se pronunciaban allí y no en el libro; no en vano se intentó también hacer una adaptación fiel.

El ritmo aparece muy bien llevado y eso que este es el libro menos cinematográfico de los tres; pero con esos cambios que se han ejecutado y la simplificación de algunas situaciones se ha conseguido que el ritmo sea excelente y que no ofrezca altibajos.

Interpretaciones:

No se puede imaginar un reparto más adecuado para los diferentes personajes. La combinación de actores elegida es todo un acierto de casting: no vemos a los actores, sino a los personajes que interpretan, cosa que quizás no hubiera pasado si se hubiera elegido a un actor más habitual, además de que así se ha dedicado el grueso del presupuesto a la recreación más fiel posible de la Tierra Media sin desperdiciarlo en caros actores.

Es difícil hablar de quién destaca más; uno diría que los que mejor están son los actores veteranos, sobre todo Ian McKellen, aunque un sorprendente Ian Holm o el gran Christopher Lee están también espléndidos.

Del resto hay que decir que tanto Elijah Wood como Vigo Mortensen o Sean Bean están impresionantes. E incluso el semidesconocido Orlando Bloom compone un Legolas estupendo.

Diseño de producción:

Este es uno de los puntos fuertes de la película, ya que la recreación de la Tierra Media ha sido fabulosa y, tanto los escenarios como los maquillajes, trajes, localizaciones, etcétera, son algo impactante a la altura de las completas descripciones de Tolkien.

El paisaje, como en las películas de Anthony Mann, es un personaje más de la película. Sólo se me ocurre una localización mejorable: Lorien, pero es que era casi imposible recrearla tal y como se plasma en el libro.

Formato:

Uno de los grandes handicaps, cinematográficamente hablando, de la película es que el formato en el que se ha rodado la película es Super35. Con este formato se usa el fotograma completo (formato cuadrado de televisión), perdiéndose mucha definición porque para su exhibición en cines se quita de arriba y de abajo hasta que tiene el ratio de pantalla deseado, en este caso 2,35:1. Luego en televisión se verá el fotograma completo (cuadrado). Por eso, en pantallas grandes de cine veremos que los planos generales no tienen demasiada definición y que la imagen tiene un poco de grano. Además, dado el dinamismo y movimientos rápidos de cámara y montaje en las escenas de batalla (excelentes por cierto) recomiendo encarecidamente ver esta película bastante atrás en el cine y no en el medio o delante.

Efectos especiales:

Lo que más destaca es su integración perfecta en la película. Por una vez, no vemos unas escenas muy trabajadas en efectos y un guión de relleno que sirve de mera excusa para llegar a ellas, sino una perfecta integración con toda la historia y un uso inteligente de estos efectos.

Las batallas están muy bien coreografiadas y elementos como los tamaños a escala de los personajes y la velocidad sobrenatural del elfo están impresionantemente resueltos.

Eso sí, no son perfectos, porque en algunos casos se percibe ligeramente que están generados por ordenador.

Fotografía:

La palabra es excelente, tanto en las escenas diurnas como en las nocturnas o en los preciosos atardeceres, así como en los interiores de Moria, las casas de los hobbits, Rivendel (por ejemplo en la biblioteca) o Lorien. Una maravilla.

Música:

Muy adecuada; una pieza más en el puzzle. Recuerda a la de Conan el bárbaro (Basil Poledouris) con toques de La profecía (Jerry Goldsmith), más el toque "élfico" que aporta la voz de Enya.

Conclusión: excelente película que gustará más a quien haya leido el libro, pero en suma una estupenda película de aventuras, dignísima adaptación de uno de los mejores libros, en mi opinión, que se pueden leer y que recomiendo fervientemente.

Como curiosidad apuntaré la frase de un tipo que estaba cerca de mi y que resume lo que muchos pensamos tras acabar de verla y saber que hasta dentro de dos años no podremos ver el sueño completado: "sería una putada morirse ahora (sin ver las otras dos)".

Al haberse rodado las tres películas a la vez con el mismo presupuestos sabemos además que no va a haber demasidas diferencias en cuanto a calidad y estilo entre las tres películas. La espera va a ser eterna, pero estoy seguro que va a merecer la pena con creces.

Paco Bruña Escuredo (Bilbao, España)

Comentario II

Se acabó la cuenta atrás. Después de una larga espera rodeada por la expectación y plagada de abundantes hipótesis especulativas, El Señor de los Anillos llegó a nuestras pantallas. La relevancia mundial que ha suscitado el proyecto no es de extrañar, si tenemos en cuenta que el original literario de J.R.R. Tolkien se ha convertido en el segundo libro más leído de la historia, después de la Biblia (eso dicen las malas lenguas).

Antes de rebuscar en las entrañas de la película, es menester advertir al lector. El abajo firmante reconoce haber acudido a la proyección totalmente virgen (cinematográficamente entiéndase), es decir, sin haber leído una sola página de los escritos de J.R.R. Tolkien. De este modo, la reseña evita cualquier comparación con el original literario y se limita a un análisis formal desde un punto de vista totalmente cinematográfico.

El responsable del más que probable fenómeno social no es ni más ni menos que Peter Jackson. A día de hoy podríamos clasificar su filmografía en tres etapas. Los inicios, marcados por un toque irreverente y gamberro, en los que alcanzó notables resultados dentro del escasamente satisfactorio subgénero gore con las películas Mal gusto, Meet the Febles y Braindead. Después de esta fase, el neozelandés abandonaría dicha tendencia para incurrir en un terreno más intimista y personal, con el que saltó a los grandes circuitos dando a luz sus Criaturas celestiales (Heavently Creatures), nominada al Oscar por el guión original. Un paso más en la evolución supone Agárrame esos fantasmas (The Frighteners), en esta ocasión bajo el mecenazgo de Robert Zemeckis, en donde lega un producto algo más convencional pero con una buena factura.

La labor encomendada al neozelandés, hablando en términos epopéyicos, podríamos calificarse de hercúlea, más aún si tenemos en cuenta que las tres películas que componen la trilogía se han rodado al mismo tiempo. En el caso que nos ocupa, comprimir el sinfín de personajes y pasajes de esta primera entrega en dos horas y tres cuartos de metraje, pero sobre todo, no levantar las iras de la legión de diletantes con que cuenta el escritor sudafricano, no se antojaba una tarea fácil. Jackson se convierte de esta manera en el punto de mira tanto de los aficionados al género y a su figura, como de los acólitos tolkienianos.

Pese a dichos handicaps, es indudable que ante el resultado final, Jackson ha escogido la vía más fácil para firmar un producto harto cómodo, rehuyendo las complicaciones para llegar al gran público y de esta manera rentabilizar el alto coste de producción.

El señor de los anillos
vendría a ser algo así como un gigante con pies de barro: algo majestuoso y sorprendente, pero erigido sobre una débil cimentación. En otras palabras, Jackson ha trabajado en exceso la forma y descuidado en intenso el fondo, ya que sustenta todo el peso de la película en el grandilocuente diseño de producción, y abocar a un segundo plano facetas como la realización y el guión.

Esto quiere decir que se trata de un trabajo más técnico que artesanal, en donde priman los efectos especiales frente a una realización básicamente impersonal, para nada evocadora del carácter del neozelandés, y un guión poco denso y demasiado superficial.

Y eso que el film se abre con uno de esos prólogos que le dejan a uno petrificado en la butaca, con una espectacular batalla en donde se enfrentan humanos y elfos contra orcos. Pero desde el momento en que Jackson hace un retrato afable y convencional de los hobbits, sin ninguna duda los seres más cargantes del bosque, es cuando el film comienza a desinflarse como un globo. De este modo, se plantean situaciones cómicas propias de una teleserie (Gandalf golpeándose contra el techo en casa de su amigo Bilbo), e incluso se intuye un cierto narcisismo o prepotencia técnicos, a la hora de exhibir gratuitamente algunos efectos especiales (Gandalf formando un barco con el humo de su pipa), muchos de los cuales evidencian el trucaje en más de una ocasión (como cuando los protagonistas corren por las minas de Moria, imagen más propia de un videojuego que de una película).

Al parecer, antes de rodar cada escena, Jackson releía el pasaje correspondiente del libro con el fin de ajustarse lo máximo posible a éste. Dicho afán perfeccionista provoca que el film parezca ideado por secuencias independientes unas de otras, como si de una exposición de bellas diapositivas se tratase. Pero si se observa en su globalidad, esta primera entrega carece de una consistencia suficiente, propiciada por un desarrollo forzado y atropellado, que pretende enmendar la vacuidad del libreto. Así, muchos momentos propicios para desatar la imaginación de un buen guionista se resuelven por medio del efectismo y la parafernalia circense, como en el enfrentamiento entre Gandalf y Sharuman, ideal para haber planteado un jugosísimo duelo de intelectos, pero que al final se resume en un combate propio de Bola de dragón.

Poco queda ya del Peter Jackson que conocíamos. Si acaso, la relación existente entre Frodo y Sam, una amistad que puede dar lugar a muchas interpretaciones.

Los seguidores del neozelandés esperábamos más, pero es evidente que Jackson ha abierto una nueva etapa en su filmografía: la rentabilidad. Si en 1974 fue Lucas, ahora en el 2001 le toca a Peter Jackson. El tiempo de nuevo dictará su veredicto.

Luis M. Díaz Martínez (Madrid. España)


 

 
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