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Area: CineEl castillo de Fu-Manchú
[ caché de Tempus Fungui: 13:50:14 - 20/07/2003 · Leído 1103 veces ]
»NOTICIAS CINE (Phantastika)
Publicado en:Pasadizo Análisis de Películas [ Link Original ]
EL CASTILLO DE Fu-Manchú

Fu-Manchú amenaza con congelar el mar si no se cumplen sus deseos. Nayland Smith sigue su pista hasta Estambul.

Ficha Técnica

Director
: Jesús Franco / Productor: Peter Welbeck [Harry Alan Towers] para Towers London Prod./Balcázar Producciones Cinematográficas/Italian International Film/Terra Filmkunst/Tilma Films/International Cinema / Guión: Mamfred Barthel, Hary Alan Towers, Michael Haller, con diálogos de Jaime Jesús Balcázar / Fotografía: Manuel Merino / Música: Malcolm Shelby, Carlo Camilleri, Gert Wilden / Decorador Jefe: Santiago Ontañón / Montaje: Mª Luisa Soriano / Maquillaje: Adrián Jaramillo / Jefe de Producción: Remo Odevaine / Director General de Producción: Juan Estelrich / Intérpretes: Christopher Lee (Fu-Manchú), Richard Greene (Sir Dennis Nayland-Smith), José Manuel Martín (Omar Pascha), Günther Stoll (Dr. Curt Kessler), Tsai-Chin (Lin Tang), María Perschy (Ingrid), Howard Marion-Crawford (doctor Petrie). Rosalba Neri (Lisa), Gustavo Ré (profesor Heracles), Werner Abrolat (Meink), Oswaldo Genazzani, Herbert Fux, Gene Reyes, Jesús Franco, Burt Kwouk… / Nacionalidad y año: RU/España/Alemania/Italia 1968 / Duración y datos técnicos: 92"/85" C

Comentario

Segunda y última película sobre el personaje creado por Sax Rohmer que realizase Jesús Franco y, como bien señala el propio director, bastante superior a su predecesora: "Esta película de Fu-Manchú me gusta más que la primera, porque es más tebeo, más cachonda, más enloquecida, más divertida que la otra. El acabado de producción está mejor hecho. Cuando terminé la primera, Fu-Manchú y el beso de la muerte (1968), me tuve que ir enseguida a rodar La ciudad sin hombres (1968) y no me quedé muy contento con algunas cosas. El castillo de Fu-Manchú, por el contrario, quedó muy bien terminadita y muy justa de ritmo. A los americanos les gustó mucho más y era una producción muy barata." [1].

Algo más habría que añadir, y es la, a mi entender, curiosa relación entre pasión y distanciamiento que se da en Franco, de modo particularmente transparente en este film, más un documental sobre lo espectacular que espectáculo en sí.

En la entrevista citada éste expone su parecer sobre Fu-Manchú: "Lo que me gustaba del personaje de Sax Rohmer era la fantasmada. Me fascinaba la idea de retratar la silueta enorme y disparatada de Christopher Lee haciendo de chino con las uñas largas. Quería que se pareciese a una estatua, que hiciese una interpretación hierática y sobria. Que fuera un personaje nada comunicativo, nada explícito, nada humano." [2]

Como se ve, de lo que habla aquí Franco es de un peculiar maridaje cine-cómic: mientras la imagen avanza, hay una que no lo hace en absoluto, una viñeta inmóvil en el interior del encuadre: Fu-Manchú. Esta inmovilidad constituye casi un intrusismo en el medio que aquí le da cabida, el cine, y torna al personaje en una figura que representa en vez de ser, es decir, que mantiene todos los rasgos que lo hacían fascinante, exótico, amenazador... pero a la vez deja de ser todo eso; transmite la idea de ello, antes que encarnarla.

En realidad, nadie ha tenido miedo nunca de los ególatras planes del famoso villano, y en esta película se deja de fingir lo contrario; sabemos ya que Fu-Manchú fracasará, y seguramente de la forma más tonta. Lo curioso es que esto no anula el interés del film: más bien es de ahí de donde surge la pasión de Franco por él, porque no le parece que la aventura o el exotismo estén tanto en ver al héroe en la selva atacado por una serpiente y ver si se salvará o no, como en la selva y la serpiente mismos, llegando así a una importante clave para entender/saber ver el mundo de Jesús Franco: no importa tanto lo que sucede, lo narrativo (y conforme pasen los años, y sobre todo tras el descubrimiento de Soledad Miranda, importará cada vez menos) como lo que se ve, y cómo se ve/lo que se mira, cómo se mira.

En estos primeros años (éste sería el décimo de su carrera como director de largometrajes), el modo en que se lleva a cabo este proceso (que en este momento, insisto, no ha llegado a su cúspide) será el forzar lo verosímil llevando lo narrativo a un terreno donde tan sólo sirva para reírse de ello, y potenciar en cambio todos los elementos inmóviles de la ficción (al eliminar la trascendencia de lo narrativo, la propia narración queda desgajada en "células" inmóviles, por llamarlo de algún modo), que son sus clichés, sus escenarios y situaciones tipo, haciendo que el film avance de tópico en tópico, y creando así un efecto tan distanciador como atractivo.

No en vano Franco habla maravillas de Agente 007 contra el Dr. No (Dr. No, Guy Hamilton, 1962), donde el cine de espías y aventuras se ve replanteado irónicamente: las maneras chulescas de Sean Connery ya dejan bien claro que no está ahí para otra cosa que no sea ganar, llevarse a la chica y matar al malo, y lo que se nos ofrece es una concentración en los elementos iconográficos del género, escenarios, caracterizaciones y burlescos acercamientos a las habituales situaciones límite, nunca planteadas con un interés narrativo, sino más bien como saludable regodeo en la convención.

Fu-Manchú, por su estética delirante, como de otro mundo (geniales, por ejemplo, esas escenas en el puerto de Estambul con los secuaces del villano andando por la calle a plena luz del día ataviados con sus extravagantes uniformes y máscaras, llevando dos ataúdes en un carro), permite a Franco realizar la misma operación pero yendo un paso más allá, logrando crear una sensación de perplejidad y extrañamiento que hábilmente reconduce a la más total hilaridad, un divertimento auto-consciente donde el género se hace conocedor de sus signos y códigos, y se divierte reflejándose en ellos.

Nos muestra unas medievales murallas que resultan albergar en su interior al Parque Güell de Gaudí (creando así un único espacio a partir de fragmentos dispersos, tal y como lo hacía su admirado Orson Welles aunque, el contrario que éste, sin intentar disimular el artificio), en una londinense consulta de médico introduce a unos chinos de extravagantes armas y vestimentas y, frente al color del laboratorio de Fu-Manchú, presenta unas imágenes en blanco y negro de un trasatlántico (que además son fácilmente reconocibles como pertenecientes a La última noche del Titanic (A Night To Remember, 1958) de Roy Ward Baker) que será destruido...

Por otro lado las peleas, por ejemplo, son impagables: el risible Nayland Smith, a buen seguro más que detestado por Franco, que es consciente de que a todo el mundo le resulta muchísimo más atractivo su enemigo, ventila las peleas con dos improbables golpes, y cuando un secuaz de Fu-Manchú se abalanza encima del profesor Kessler, éste le aparta a un lado y santas pascuas...

Franco, como decíamos, fuerza la verosimilitud hasta entrar en una voluntaria (y muy personal) tierra de nadie, plagada de luces de colores, inexplicables comportamientos y fallos de continuidad, como en la invasión del castillo del gobernador donde, tras los disparos, todavía se ven varias escenas en que unos vigilantes son atacados sigilosamente por la espalda. ¿Torpeza? No lo creemos: más bien interés en romper todo lazo con lo verosímil, y atarlo en cambio con el propio film y la tradición en que se inscribe: un género abundante en hechos inverosímiles que se pretenden todo lo contrario, y en pequeños presupuestos que cristalizan en diversos fallos.

Franco no oculta nada, más bien lo saca a la luz y casi hasta lo enarbola al modo de bandera (por eso no rechaza el apelativo de "casposo", sino que hasta se enorgullece de haberlo parido). Reúne hundimientos de barco, asesinatos, secuestros, experimentos científicos, transplantes, asaltos a castillos, destrucciones de presas, tráfico de opio, historias de amor, etc., con los elementos iconográficos habituales, como los citados uniformes chillones (con dragones pintados), líquidos luminosos en ebullición, sombreros turcos, celdas, pantallas, radios y otro largo etcétera, sin que importe mucho la lógica de la historia, de los actos de los personajes, llegando así a una especie de fetichismo nada malsano (es decir, lo contrario del de José Luis Garci), claramente propio de un amante del cómic, que es donde se narra también mediante la sucesión de imágenes inmóviles (viñetas) pero en las que uno puede detenerse el tiempo que quiera y prestar una detallada atención a cada uno de sus elementos (por esto, aunque habitualmente puesto al servicio de lo diegético, la propia naturaleza del cómic encierra la llave de su destrucción, y así, un óptimo traslado de éste al cine tendría como resultado la dinamitación de lo diegético, la puesta en evidencia de lo narrativo), y que muestra tanta ironía y cachondeo por lo que cuenta (y sobre todo por las condiciones en que se cuenta: presupuestos, imposición de reparto, etc.) como respeto y pasión por un tipo de cine que en ese momento, 1968, ya no brillaba como antaño, y que éste trata de abrir a una nueva luz, a un nuevo talante, construirle una nueva personalidad: un tipo de cine que, desde el género, tiene su referente en el propio cine y el propio género (sin olvidar otro elemento inseparable de éste: las ya citadas condiciones de producción, lo que, hilando un poco, nos llevará al concepto de "caspa" franquiano).

Anécdotas

* Títulos en Inglaterra: Assignment Istanbul / Fu Manchu"s Castle / The Torture Chamber of Fu Manchu; título en Alemania: Die Folterkammer des Dr. Fu Man Chu / Título en Italia: Il castello di Fu Manchu; título en Estados Unidos: Castle of Fu Manchu. *

Rubén García (Santander. España)

_______________

[1]
Entrevistado por Jordi Costa, en "Cine fantástico y de terror español", pag. 172.

[2]
Op. cit., pag. 169.


 

 
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