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Area: CineDoce Monos (Twelve Monkeys)
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Publicado en:Pasadizo Análisis de Películas [ Link Original ]
Doce Monos (TWELVE MONKEYS)

Importación

Ha llegado del futuro con el fin de evitar una catástrofe que conduzca a la Humanidad a un holocausto total. Su única pista para impedir la epidemia es una científico y una extraña agrupación terrorista llamada los Doce Monos…

Ficha Técnica

Director: Terry Gilliam / Productor: Charles Roven para Atlas Entertainment/Classico/Universal / Guión: David Webb Peoples, Janet Peoples, según el guión de Chris Marker / Fotografía: Roger Pratt / Música: Paul Buckmaster, Astor Piazzolla, Bernard Herrmann, Charles Olins / Efectos especiales: Hunter Gratzner Industries, Mill Film, Peerless Camera / Montaje: Mick Audsley / Intérpretes: Bruce Willis (James Cole), Madeleine Stowe (doctora Kathryh Railly), Brad Pitt (Jeffrey Goines), Frederick Strother (L. J. Washington), Frank Gorshin (Dr. Owen Fletcher), Christopher Plummer (Dr. Leland Goines), Joseph Melito (Cole de niño), Jon Seda, Michael Chance, Vernon Campbell… / Nacionalidad y año: USA 1995 / Duración y datos técnicos: 130 min. color scope.

Comentario

Todos aquellos que conocen a Terry Gilliam en mayor o menor medida lo consideran un hombre renacentista; pintor, escultor, animador, periodista gráfico, escritor, guionista y un sinfín de cualidades adicionales, cultivadas a través de los años (o innatas), hacen de él merecedor absoluto de este apelativo.

No es mi intención plasmar una biografía detallada de Gilliam en esta reseña, pero sí es necesario considerar varios aspectos de su persona a nivel global, de forma que podamos entender mejor su obra, y más concretamente ese producto oscuro que es 12 Monos...

Para empezar, Gilliam nunca se ha considerado un director dentro del star-system de Hollywood. Es más; nunca se ha considerado un director de cine. Los métodos de trabajo subordinados de la Industria (con mayúscula) todavía no le acaban de encajar bien, a pesar de los años. El servilismo complaciente del elenco de producción, los pases de prueba antes del estreno, la intromisión de los productores en el montaje final, la búsqueda de actores famosos como reclamo... Todo eso y la guindilla picante del engranaje preestablecido son aspectos que, digámoslo claro, le dan patadas en el culo a Gilliam.

Pero eso no es lo más curioso de este hombre pensante. Lo más curioso de Gilliam es su pasión por el cine como arte (y adicionalmente como espectáculo). Sus raíces le delatan, y su trabajo como animador podría decirse que ha representado el 50 % de los Monthy Python. Su imaginación retorcidamente ácida y simbólica son sólo la punta del iceberg Gilliam.

Terry es uno de esos pocos "ilustrados" actuales que no escribe si no tiene nada que escribir, que no habla si no tiene nada que contar y que, por supuesto, no dirige una película si no tiene un guión genial por detrás. Sus tareas vitales están diversificadas, sí, pero no podremos verle nunca dirigiendo un subproducto de masas únicamente alimenticio.

Ahora debemos crear un contexto para la concepción de 12 Monos: Terry llevaba cuatro años sin rodar desde la exitosa y alabada El Rey Pescador. En todo ese tiempo había tenido oportunidad de depurar la historia adaptada de un corto de 1962 llamado La Jetée, creado por el director francés Chris Marker por medio de imágenes estáticas en blanco y negro acompañadas por un narrador. Sus escasos 28 minutos de duración eran inversamente proporcionales a la fuerza y seriedad de la obra, en la que la Humanidad quedaba sumida por el holocausto.

El escritor David Webb Peoples, que también había participado en la creación del guión de Blade Runner (Blade Runner, 1982) se encargaba esta vez de moldear y dar forma al guión de 12 Monos. En realidad, la evolución narrativa de 12 Monos divergía radicalmente de La Jetée, pero en esencia resultaba justo mentar el filme. Gilliam ya tenía una buena masa para moldear, y con ello una buena razón para iniciar el proyecto de los doce monos en el círculo.

«5 millones de personas morirán a causa de un virus letal en el año 1.997. Los supervivientes abandonarán la superficie terrestre. De nuevo, los animales volverán a dominar el mundo.»

Extractos de una entrevista con un paciente esquizofrénico paranoide. 12 de abril de 1990. - Hospital del Condado de Baltimore.

Con este comunicado tan atroz comienza el film. Fijémonos pues en la maestría de Gilliam para introducirnos en la historia y obviar introducciones innecesarias. Lo que dicho de otra forma sería una burda artimaña para dar un salto en la línea de tiempo narrativa, de esta forma se convierte en la primera nota adhesiva para la mente del espectador. El contexto ya ha sido creado. Tan solo resta dar paso a la acción...

La elección de Willis para el papel de James Cole no fue ni mucho menos fortuita. Los estudios Universal ya habían cortado las alas a Gilliam con el primer montaje adulterado de Brazil y no se fiaban lo más mínimo de él después del fiasco en taquilla de Las Aventuras del Barón de Münchhausen. Así pues, la condición era clara: Gilliam tendría total potestad sobre el montaje final con la condición de buscar un reclamo de taquilla. Sería, según los estudios Universal, la única forma de vacunar una posible obra de autor antisistema contra el rechazo de la audiencia. Había que producir pues un filme al estilo Gilliam, pero que llegase al espectador medio. Harto difícil.

La fortuna guiñó el ojo, y la elección de Bruce Willis como James Cole reveló al mundo por primera vez sus verdaderas dotes interpretativas. Casi podemos decir que Gilliam arrebató a Willis la etiqueta de Hard Man conseguida con La Jungla de Cristal.

Adicionalmente, Brad Pitt no se incorporó al rodaje hasta el último momento. Ese también fue otro de los descubrimientos prematuros.

Pitt todavía no se había revelado como la estrella en la que se convirtió, en parte porque no lo había demostrado todo, en parte porque faltaba poco para los estrenos de Entrevista con el Vampiro y Leyendas de Pasión. Su interpretación para el papel del joven esquizofrénico Jeffrey Goines le valió una Palma de Oro y la nominación al Oscar al mejor actor secundario.

Gilliam pidió a Willis que mostrase su rudeza innata, pero también su debilidad y miseria escondidas, y lo consiguió. Gilliam pidió a Pitt que aprendiese a comportarse como un verdadero esquizofrénico hiperactivo, y Pitt creó uno de los roles más picantes y creíbles jamás visto en un hospital psiquiátrico de atrezzo.

Adicionalmente, Gilliam supo descubrir en David Morse al gran actor que es (en el corto pero intenso papel de jinete del apocalipsis, el doctor Peters) y la corrección gestual e interpretativa de Madeleine Stowe (doctora Kathryn Railly).

Cuando hablamos de 12 Monos debemos hablar también de dos claves importantes: el juego temporal y la asociación mental.

A lo largo de la historia del cine se ha tratado el tema de los viajes en el tiempo de casi todas las formas posibles. Ya quedan pocos géneros cinematográficos (incluido el de la comedia) que no hayan flirteado con las posibilidades narrativas que concede algo tan desconocido y ficticio como los viajes en el tiempo.

Pero si analizamos los pormenores de los saltos temporales de 12 Monos, muy posiblemente lleguemos a una paradoja mental similar a la que podemos obtener con Terminator, Regreso al Futuro o tantas otras. Esa no es la cuestión. Los viajes temporales en 12 monos quedan al servicio de la trama de tal modo que el espectador no plantea su posibilidad, sino que la da por supuesta al servicio de la historia que se nos cuenta y lo coloca en segundo plano. Esa es parte de la magia de Gilliam al contar sus historias. Es quizá la diferencia que mueve la balanza hacia la ciencia-ficción y la aleja de la fantasía.

Para un guión que juega con los elementos temporales, y en el que debe reflejarse el futuro, Gilliam buscó un nexo de asociación mental para el espectador, evitando el error de mostrar tecnologías futuras ultra-avanzadas. Para ello se propuso representar el futuro a través de utensilios cotidianos, convenientemente modificados o mezclados, dando lugar a un entorno familiar para el ojo consciente de la audiencia.

Así, lo vanguardista se mezcla con lo medieval de manera transparente. La recreación de las salas y pasillos del mundo subterráneo genera una atmósfera enrarecida y oscura realmente inquietante. Es la visión actualizada de excrementos y cadáveres apilados en tiempos de la peste negra, pero convenientemente controlada bajo un marco de evolución tecnológica forzada. Aunque el virus queda refinado en la superficie terrestre, se encuentra presente en las vidas de todos los supervivientes del inframundo. La Humanidad, antes dedicada al bienestar del individuo, queda ahora al servicio de la subsistencia. Todo lo demás es secundario. La individualidad del ser civilizado ha dado paso a una nueva forma de vida al servicio de un fin común. Del mono a la hormiga; de la conciencia individual a la conciencia de grupo.

Gilliam nos muestra dos mundos enfermos; el actual, con sus valores enfermizos y psicopáticos, y el futuro, convaleciente en el lecho de muerte. Es un microuniverso personal que provoca la empatía del espectador. Y eso en sí ya es mucho.

En global, 12 Monos contiene todos los ingredientes para ser considerada una pieza de colección. Parte de ese éxito radica sin duda en un guión bien elaborado, cuyo desarrollo argumental está basado en una inquietud inherente al ser humano actual (miedo a un apocalipsis final) pero aliñado por un trueque inteligente; no se intenta evitar la catástrofe, sino conseguir la redención de los supervivientes.

Es de destacar, además, la evolución paulatina a la que nos fuerza el visionado de esta cinta. El espectador, en una primera experiencia, se identifica con el reo Cole y sigue sus mismas averiguaciones, obteniendo las mismas respuestas y realizándose las mismas preguntas, hasta llegado el punto de sorpresa de los últimos instantes de metraje. En posteriores revisiones, la reflexión de los saltos temporales y la ordenación mental de detalles individuales concede el toque de gracia. Es, desde luego, una de esas obras que hay que ver "muchas veces" para disfrutar más y mejor.

Si nos detenemos a reparar en los detalles visuales, en la calidad de algunos planos y en lo inteligente de ciertos diálogos, bien podremos darnos cuenta de que estamos ante un producto bien acabado, en el que pocas cosas dan pie al desdén. Gilliam es un controlador nato, y desde los créditos iniciales hasta el montaje final queda en su poder. Habiendo aprendido ya a llegar al público en masa por causas de fuerza mayor, el director nos ofrece una obra tan sencilla o tan compleja como quien la asimila frente a la pantalla. Y nos guste este filme o no, es algo que no podemos obviar.

Por último, una curiosidad sobre el logo de la película: Este presenta doce monos en total. Once dando vueltas en bucle infinito alrededor de un círculo. El duodécimo está en el centro, rompiendo el devenir natural. Interesante lo que propone, desde luego.

Anécdotas

En los Oscar de 1996 fueron nominados Brad Pitt y el diseño de vestuario. En los Academy of Science Fiction, Fantasy and Horror Films de 1996 ganó los premios a mejor película de ciencia-ficción, mejor actor secundario (Pitt) y mejor vestuario. En el Festival de Cine de Berlín, en 1996, fue nominada al Oso de Oro. En los Globos de Oro de 1996 ganó el premio a mejor actor secundario (Pitt). En los premios Hugo de 1996 fue nominada a mejor representación dramática. La revista Sci-Fi Universe la premió, en 1996, a mejor actriz (Stowe) y mejor actor secundario (Pitt). * Gilliam ya quiso a Willis para El Rey Pescador. * Gillian pasó a Willis una lista de sus clichés interpretativos que no deseaba que usara… * The Hamster Factor and Other Tales of Twelve Monkeys (1996), es un largo documental en vídeo sobre el film dirigido por Keith Fulton y Louis Pepe.

Jacobo Martínez (Barcelona. España)

NOTA: Esta reseña procede del artículo publicado en la página Web mundodvd, y que reproducimos con su autorización.


 

 
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