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Area: Plantas EnteogénicasSalvia, 3 caladas de extracto x10.
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Viajes y experiencias: Salvia, 3 caladas de extracto x10.

Enviado por : ChArLeY on Nov 29, 2002 - 07:13 AM

9 de Noviembre de 2002

La salvia… hacía ya cosa de un año que había oído hablar de ella por primera vez… nunca he probado un tripi, ni ningún tipo de pastilla, siempre he desconfiado de cualquier sustancia tratada químicamente, pero el saber que la salvia se consumía tal y como crece en la naturaleza me impulsó a querer saber más sobre esta planta.

La primera persona que me habló de ello me dijo que tenía que probarlo para saber lo que era, porque describirlo le parecía sencillamente imposible. Con ese comentario floreció en mí un fuerte sentimiento de curiosidad que hizo que comenzase a informarme sobre esa sustancia, a buscar y recopilar incansablemente manuales de uso, fichas de composición química, experiencias narradas por otras personas, etc… Lo que iba encontrando, los increíbles viajes que leí, no hicieron más acrecentar mi curiosidad y mis ganas de consumirla, y saber que no tenía efectos nocivos conocidos fue lo que me impulsó a probarlo definitivamente.

Sabía que algún día, cuando me sintiese realmente preparado, llamaría a un colega que trabajaba en una Grow Shop, le pediría unos extractos de Salvia y lo probaría con mis colegas, tranquilamente. Resultó que la Salvia vino a mí sin buscarla.

Es Viernes por la noche, en mi local celebro una de tantas fiestas de fin de semana, mil porros, mil copas, y muy buen rollo. Antes de quedar, me llama un colega y me propone traer Salvia. La idea de poder probar por fin aquello tan esperado me excitaba, tenía ganas de experimentarlo y objetivamente intentar describir aquel viaje que todos calificaban de irreal, de paranormal, adjetivos que mi naturaleza de ser racional, mi condición de ciudadano del siglo XXI, de sujeto escéptico de brujerías y hechicerías, encontraba desmedidos y exagerados. Quería probarlo y poder decir aquello de “no es para tanto…” e iba predispuesto a controlarlo. Aún así, no dejaba de dar vueltas en mi cabeza el: “y si es tan fuerte como dicen…”. Todo este cúmulo de sensaciones generó en mí un estado de nerviosismo que ni unos cuantos porros consiguieron apaciguar.

Llega el momento, decidimos quienes vamos a fumarla y en qué orden. El primero será Héctor. Apenas ha oído hablar de la Salvia, solo le han dicho que es lo más fuerte que existe y sin ningún reparo se decide a probarla. Se acomoda en el sofá y yo le observo desde una esquina ligeramente nublado por el hachís y la marihuana, con los ojos bien abiertos y sin apartar la vista un segundo. Veamos que efecto tiene en una persona que no es consciente de la supuesta potencia de esta sustancia.

Tres caladas y su cara cambia, se inclina hacia un lado y comienza a reír de una manera totalmente exagerada. Jamás le había visto así. No deja de repetir “eh, paradme… ¡¡estaos quietos…!!” Tras estar riendo a carcajadas durante unos minutos, se incorpora súbitamente, como si se acabase de despertar de un sueño… y su cara cambia. Su rostro es ahora totalmente inexpresivo, alza sus manos y comienza a palparse la cara. “Eh, un momento… eh en serio, parad… ¡¡eh!! ¿¿Pero tan mal voy?? ¡¡Llamad a mi hermano por favor!!” El tono de su voz denota un gran nerviosismo y malestar, y yo me asusto. Él echa a correr hacia la cocina y yo le sigo, sin salir de mi asombro. Tras dar unas vueltas por el local sin dejarnos ni tocarle, para, nos mira y balbucea: “¿qué ha pasado?”

“Has fumado Salvia, tronco…”

Una sonrisa se dibuja en su cara y exclama: “al lorísimo…”

El verle al fin sonriendo es todo un alivio para mí. Lo que acabo de presenciar es tan increíble que mi estado de nerviosismo se hace aún más latente... y las ganas de probarlo se multiplican por mil.

“Ahora voy YO.”

Entre los comentarios y carcajadas de mis compañeros pronuncio esa frase y volvemos a los sofás. Me siento, noto que mi corazón va a mil por hora y veo como se acerca uno de mis colegas con el bong de cristal, ya preparado. Lo introduce en mi boca y aspiro. Mantengo la profunda e insípida calada en mis pulmones todo el tiempo que puedo. Expiro. Miro a todos a mi alrededor sin notar nada extraño. La segunda calada. Mi colega vuelve a acercarme el bong a la boca mientras aproxima la llama del mechero a las hojas machacadas. Intento concentrarme en el brillante color rojizo de las cenizas incandescentes y vuelvo a aspirar. Mantengo el humo y sin ninguna razón suelto una carcajada espontánea. Empiezo a perder el control sobre mi cuerpo y me dispongo a fumar una vez más. La última calada y me reclino en el sofá.

¡¡QUE GUAPISIMO…!! Es lo único que consigo decir mientras noto una increíble presión sobre todo mi cuerpo. Mi cabeza, mis párpados, mis manos, cada parte de mi cuerpo se ve sometido a esta fantástica fuerza que me empuja hacia el fondo del sofá convirtiéndome en una masa viscosa que comienza a escurrirse por una especie de desagüe. Miro hacia arriba y veo un enorme disco metálico que baja lentamente sobre todos nosotros, empujando toda la realidad hacia un agujero que se encuentra justo debajo de mí, y todo comienza a deshacerse y a escapar por unos aros que, uno tras otro, forman un gigantesco tubo, y noto como mi cuerpo resbala lentamente por las paredes de ese tubo. Es increíble, lejos de sentir temor o malestar, me encuentro extraordinariamente feliz, no dejo de reír a carcajadas como JAMAS en mi vida lo había hecho y no deseo por nada del mundo que termine.

De repente llego a un estado de semiconsciencia, sé que he fumado salvia, me está dando un pedo increíble y me dan ganas de saltar de alegría por lo fantásticamente bien que me encuentro, por estar viviendo algo que ni en sueños había imaginado que se pudiese experimentar. La irrealidad más real que pueda concebir. Comienzo a notar la presencia de mis colegas en frente mía, y siento la necesidad de contar con palabras todo lo que estoy percibiendo; es demasiado bueno como para guardármelo para mí solo. Y comienzo a hablar frenéticamente y a intentar mantener una conversación con ellos. Pero no puedo.

Mis palabras suenan como si estuviese bajo el agua, como si las ondas sonoras no fuesen capaz de propagarse en el medio en el que me encuentro. Sí, estoy sumergido en un sueño líquido. Aún noto como estoy fundido en el sofá y como éste me transmite la calidez de un ser viviente. Somos uno solo bailando lentamente, en armonía. Si existe un paraíso, estoy seguro de que me encuentro en él.

Mientras sigo intentando explicar a mis amigos lo que me pasa, comienza a aparecer ante mí superficie cambiante que se aproxima lentamente, un inmenso plano vertical que identifico como el límite entre el mundo real y el mundo en el que me encuentro. Más allá de este cristal viviente se encuentran mis amigos, observándome y hablándome. Acerco mi mano y hundo mis dedos en la superficie, tiene un tacto viscoso y noto como puedo atravesarlo, volviendo a mi voluntad. Me divierte salir, quedarme entre los dos mundos, atravesar con la mitad de mi cuerpo ese plano vertical y volver a zambullirme de nuevo en el maravilloso edén que se me ha desvelado. Lo hago varias veces y finalmente, vuelvo a la realidad y empiezo a ser consciente de todo lo que me rodea.

“¿Ya…?”

Ha sido un increíble viaje de diez minutos, y me ha sabido a poco.

Tras de mí, vienen otros dos colegas y contemplo sus viajes mientras, con una perenne sonrisa, intento encontrar las palabras adecuadas para describir lo que me ha pasado, pero es imposible. Estoy tremendamente contento, pletórico de alegría, feliz, les miro, les veo riendo y agradezco a la naturaleza el haberme otorgado este privilegio, la oportunidad de ser capaz de vivir algo así. Y sigo así durante horas, fascinado hasta que finalmente me duermo.

Me lo he pasado genial, increíble… aún estoy obnubilado por lo que hace unas horas me ha pasado… soy feliz. Pero aún así siento un profundo respeto hacia la Salvia y por alguna extraña razón, sé que vivir esta experiencia no se puede tomar como hábito. Es como un dulce que una fuerza sobrenatural pone a tu alcance para mostrarte fugazmente cuan frágil es el mundo que nos rodea, te enseña que realmente no es nada, que está fuertemente ligado y sujeto a nuestra psique y que dominando tu mente, dominas todo lo que te rodea.

Algún día lo repetiré, sin duda alguna, pero prefiero que pase el tiempo, olvidar lo que he vivido, para cuando luego vuelva a repetirlo sea igual de sorprendente. Quizá, dentro de unos años.

Si crees que lo que has leído es increíble, vivirlo es sencillamente otra historia.

ChArLeY


Muchas gracias a psiconauas.com por la inestimable información que ofrecen en sus páginas.


 

 
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