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[ caché de Tempus Fungui: 12:21:01 - 04/05/2003 · Leído 1316 veces ]
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» Spiderman

(EUA, 2002)

por Luis Falta más de una hora para que la función comience y hay casi 200 personas en la fila afuera del cine, muchas de ellas portan una camiseta rojiazul con una araña en el pecho; en el edificio de enfrente una figura inflable, conocida desde mi infancia, trepa por el muro, ¡su tamaño es mayor a ocho pisos!; hay reflectores por todas partes. Finalmente el acceso se libera y empieza el desfile hacia la sala. Una vez dentro, levanto mi cabeza para ver desde lo alto una enorme telaraña pendiendo; escenografías gigantes de la Ciudad de Nueva York han tapizado las paredes; un hombre dentro de una siniestra armadura verde monta un planeador metálico que cuelga del techo. Hay cámaras por doquier. Es noche de Premiere; sin embargo, creánme... Todo este impresionante glamour quedó opacado, después de ver la poderosa cinta de Sam Raimi, Spider-Man.

Olviden todo lo que han visto. Olviden las batallas cuerpo a cuerpo de Matrix o la espectacularidad de los personajes de X-Men. Olviden al murciélago, al superhombre o a cualquier otro héroe emergido del cómic. Spider-Man es la cúspide.

La cinta comienza y desde los créditos se percibe enorme; en la pantalla aparece un simple vistazo a las historietas que de repente brinca a redes tridimensionales entretejiéndose; una figura musculosa roja y azul se vislumbra detrás de las telarañas. En esos momentos, a aquellos que leímos las historietas hace muchos años, la emoción nos invade y la piel se nos eriza. Los chiquillos tal vez aún no entiendan nada, pero al finalizar la proyección es seguro que tendrán un nuevo héroe.

El Hombre Araña, Spider-Man, la creación de Stan Lee, se edita en más de 500 periódicos a nivel mundial; un fenómeno global con 40 años de historia donde la premisa sigue siendo la misma: Peter Parker es un don nadie, un adolescente tímido sin dinero, sin suerte con las chicas, sin padres. Vive en Queens dependiente de sus tíos; tiene sueños, ambiciones, pero ningún puente para llegar a ellas, excepto su mente brillante que le trae más problemas que beneficios, al acarrearle el apodo de nerd. Todo esto cambia el día en que una araña alterada genéticamente lo muerde y cosas extraordinarias comienzan a suceder.

No voy a discutir si la cinta respeta fielmente el cómic; sería una necedad existiendo tantos foros en la red. Personalmente puedo decir que leí las historietas desde niño y aún con las ligeras alteraciones, no he visto una película tan adaptada a su espíritu original como Spider-Man. Situación desprendida tal vez, de que su Director, Sam Raimi (For Love of the Game, The Evil Dead, Darkman), es un fan del personaje desde su niñez.

La picadura, la búsqueda inicial de Parker por convertirse en un fenómeno circense, su enemistad con Flash Thompson, el gruñón Jameson, el impresionante sentido arácnido, la desidia fatal en detrimento del tío Ben y la frase que estigmatizara al héroe de por vida "...Con un gran poder viene una gran responsabilidad..." Todo, todo está aquí. Fans: esta cinta es un verdadero homenaje.

La elección de Tobey Maguire (Wonder Boys, The Cider House Rules) para el rol de Peter Parker no sólo fue cuestionada por los millones de seguidores arácnidos del mundo, sino que incluso fue prácticamente lapidada. Después de ver la película pueden dejar de proferir sus ácidas críticas. Tobey es el centro de la cinta; le da personalidad, vida, dirección, la vuelve humana; poseé un abanico de emociones difícilmente comprehendidas en otro actor de su edad. Peter Parker es Tobey y viceversa; su timidez, su ilusión, su brillantez, su enamoramiento e incluso su invencible poder de araña están ahí. No pudo haber elección más acertada.

Como todo adolescente, Parker sueña con chicas e incluso provoca encuentros torpes con ellas, especialmente con una, Mary Jane.(Aparecida por primera vez en el cómic #25 de The Amazing Spider-Man). Mary es, en la cinta, la vecina de Peter, su ilusión, su musa. Lo ha sido desde los seis años. Su cabello de fuego y su escultural figura le hacen perder el sentido de la realidad. Ella, Kirsten Dunst en la vida real (Interview with the Vampire, Virgin Suicides), logra clavar en las butacas al público femenino, pues nos muestra el lado romántico de la historia y a una chica que no sólo busca ser salvada por el héroe. Ella también quiere ser protagonista y patear algunos traseros. Tiene ambiciones y lucha por conseguirlas. ¿Y cómo logró este papel? Simple. Por la química con Tobey.

El Duende Verde (aparecido por primera vez en el cómic #14 de la serie) no es el personaje enfundado en latex morado. Aquí, Norman Osborn es un científico proveedor de diseños militares para los E.U., que enloquece debido a una de sus fórmulas; misma que le proporciona habilidades extraordinarias. William Defoe (Shadow of the Vampire) encarna al villano de manera magistral y refleja el conflicto de personalidad múltiple con un histrionismo maquiavélico. Ataviado de su armadura verde luminiscente y montado en un planeador dotado de ametralladoras, bombas y proyectiles, el Duende no es sólo un "monito" de historieta, sino el resultado de la mente desquiciada y ambiciosa con gustos exóticos y espíritu guerrero de Norman Osborn.

En los personajes no hay sacrificio de guión en búsqueda de acción o espectacularidad. En Spider-Man todo está bien entretejido.

Cuarenta años de lectores y fans emergen detrás de esta superproducción y ninguno de ellos queda defraudado. La cinta es desde su estreno, un fenómeno mundial incuestionable. Y no es la maquinaria avasalladora de la propaganda quien ha logrado batir los récords de taquilla; tampoco el traje novedoso con 120 pantallas individuales de seda, mucho menos los lentes Oakley de los dos personajes centrales, no. La razón de esta fiebre es la inmortal leyenda arácnida y el realizarle una cinta digna de su historia.

Nueva York es retratado de manera espectacular. Verdaderamente se siente el balanceo de la red cuando acompañamos a Spider-Man en búsqueda del crímen. Las escenas no están pensadas en aquello que los dobles podían hacer, sino en lo que los fans deseaban ver. La película es una oda a la conjunción del trabajo atlético y los logros tecnológicos de la computadora.

Los cuadros del cómic son transportados al celuloide excelsamente por Imageworks. La cinta es una historieta viva. No hay una sóla escena que no se haya podido filmar. Con la técnica Photogrammetry se retrataron a detalle cuadros de N.Y., se trabajaron y a través de la computadora se elaboró un fondo en movimiento, al que después se podían agregar actores en acción mediante pantalla verde o personajes generados por ordenador. El resultado: espectacularidad llevada al límite de lo nunca visto.

La música es inconfundiblemente Elfman desde la primera nota. Salvo Williams, no creo que exista un compositor tan prolífico y talentoso para cintas de caracter fantástico. Elfman sabe llevarnos por los vericuetos de la timidez a la emoción de un beso, de la tristeza y las lágrimas solitarias a la audacia altruista del héroe. Elfman no compite con nadie, salvo con él mismo; pues debe superarse desde Darkman, The Nightmare before Christmas, The Legend of Sleepy Hollow, Batman y Planet of the Apes. Pero Elfman es un genio de la batuta y teje heróicamente una partitura digna del descendiente de Aracné.

Aunado a ésta partitura, un sountrack explosivo acompaña al Araña a su lucha contra la amenaza verde. Las batallas se suceden una tras otra, con pausas apenas para respirar. La furiosa pelea desciende desde los aires hasta los confines del Times Square; desde los suburbios de Queens a las alturas del Puente Queensboro; ahí, Mary Jane es arrojada dramáticamente al vacío ante el público absorto que no puede dejar de mirar la pantalla. Es el climax de la cinta. ¿Por qué nos emociona tanto si lo vimos una y mil veces en los trailers?

Tal vez porque los niños, las chicas y los fans deseamos, anhelamos, necesitamos ver una vez más a Spider-Man salvarla. Quizás porque todos soñamos con ser héroes alguna vez o probablemente porque la droga visual de una gran película nos ha hecho adictos en dos horas.

Cuando las luces se encienden y tenemos que abandonar el universo Marvel, nadie quiere hacerlo. La adrenalina aún sigue ahí. El deseo expectante de ver una secuela. Esa es la maravilla de Spider-Man; después de habernos dado un abundante banquete visual nos ha dejado con hambre; hambre que no se satisface con la expectativa de una segunda parte, hambre que debe ser saciada viendo varias veces este espléndido logro de la cinematografía fantástica.

Debo partir ahora. Esta noche es noche de héroes y la telaraña seductora de la Princesa Bec demanda uno.

Nos videamos.

luis@cinenganos.com

Ciudad de México, Mayo 2002

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