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La sabiduría intuitiva de Aldous Huxley
Una predicción visionaria
ENTEÓGENOS - 31/01/02 19:14 publicado por Demian
En la apasionante aventura de la historia de las drogas enteógenas, destaca la presencia del premio Nobel Aldous Huxley. Aquí recuperamos del recuerdo un texto poco conocido del autor que Paconito fue tan amable de digitalizar y enviar a la lista de Enteógenos hace un par de años. Que lo disfrutéis.

Una Predicción Visionaria
por Aldous Huxley

La relación entre cultura e individuo es, y siempre ha sido, extrañamente ambivalente. Somos al mismo tiempo los beneficiarios de nuestra cultura y sus víctimas. Sin cultura, y sin esa condición previa de toda cultura que es el lenguaje, el hombre no sería sino uno más en la especie de los monos. Es al lenguaje y a la cultura a quien debemos nuestra condición humana. Y '¡Qué obra de arte es el hombre!', dice Hamlet, '¡Cuán noble en su razón!, ¡cuán infinito en sus facultades!...,¡cuán parecido a un ángel en su acción!, en su entendimiento, ¡cuán parecido a un dios!' Pero, desgraciadamente, en los ratos en que no es noble, racional y potencialmente infinito,

Revestido de autoridad ridícula el hombre, el orgulloso hombre,
más ignorante de lo que más seguro está,
su frágil esencia, como un mono airado,
hace tales fantásticas piruetas ante el alto cielo
que los ángeles lloran.


Genio y mono airado, hacedor de fantásticas piruetas y divino pensador, en todos estos papeles los individuos son el producto de un lenguaje y una cultura. El lenguaje y la cultura, trabajando en los doce o trece billones de neuronas del cerebro humano, nos han dado la ley, la ciencia, la ética, la filosofa; han hecho posibles todos los logros del talento y de la santidad. Nos han dado también el fanatismo, la superstición y la presunción dogmática; la idolatría nacionalista y los asesinatos en masa en el nombre de Dios; la propaganda que levanta a as masas y la mentira organizada. Y, junto con la sal de la tierra, nos han dado, generación tras generación, incontables millones de conformistas hipnotizados, víctimas predestinadas de dictadores hambrientos de poder, los cuales son, a su vez, víctimas de todo lo que de más insensato e inhumano hay en su tradición cultural.
Gracias al lenguaje y a la cultura la conducta humana puede ser incomparablemente más inteligente, más original, creativa y flexible que la conducta de los animales, cuyos cerebros son demasiado pequeños para alojar el número de neuronas necesario para la invención del lenguaje y la transmisión del conocimiento acumulado. Pero, gracias también al lenguaje y a la cultura, los seres humanos a menudo se comportan con una estupidez, una falta de realismo y una impropiedad absoluta de las cuales los animales son incapaces.

Ya sea habitante de las islas Trobriand, católico siciliano o budista japonés, cada uno de nosotros ha nacido en una cultura y pasa su vida dentro de sus confines. Entre la conciencia de cada hombre y el resto del mundo se levanta una valla invisible, una red de esquemas de pensamientos y sentimientos tradicionales, de nociones de segunda mano que se han convertido en axiomas, de viejos eslogans venerados como revelaciones divinas. Lo que vemos a través de los agujeros de esta red no es nunca, por supuesto, la incognoscible 'cosa en sí misma'. Ni siquiera es, en la mayoría de los casos, la cosa tal y como impresiona nuestros sentidos y como nuestro organismo reacciona ante ella espontáneamente. Lo que nosotros normalmente acusamos y a lo que respondemos es una curiosa mezcla de experiencia inmediata y símbolos culturalmente condicionados, de impresiones sensoriales e ideas preconcebidas acerca de la naturaleza de las cosas. Y la mayoría de la gente siente los elementos simbólicos de este cóctel del conocimiento como más importantes que los elementos aportados por la experiencia inmediata. Así pues, inevitablemente, para aquellos que aceptan su cultura plenamente y sin críticas, las palabras del lenguaje conocido no representan (si no es inadecuadamente) las cosas. Por el contrario, las cosas representan las palabras conocidas. Cada acontecimiento singular de su vida corriente es clasificado instantáneamente y automáticamente como una imagen concreta de una de las abstracciones verbalizadas y sacralizadas por la cultura que los condicionantes de su infancia les metieron en la cabeza.

No hace falta decir que muchas de las ideas que nos han sido dadas por los transmisores de la cultura son eminentemente sensatas y realistas. (Si no lo fueran, la especie humana estaría ahora extinguida.) Pero, junto con estos conceptos útiles, toda cultura ofrece una reserva de nociones irrealistas, algunas de las cuales no tienen ningún sentido, mientras otras han poseído en algún momento un valor de supervivencia pero que ahora, en las circunstancias cambiantes y ya cambiadas de la historia que avanza, han llegado a ser completamente inadecuadas. Puesto que los seres humanos responden a los símbolos tan rápida e inequívocamente como responden a los estímulos de la experiencia inmediata y dado que la mayoría de ellos ingenuamente creen que las palabras sacralizadas por la cultura y que se refieren a las cosas son tan reales o más que sus percepciones de las cosas mismas, estas nociones anticuadas e intrínsecamente carentes de sentido hacen un daño enorme. Gracias a las ideas realistas manejadas por la cultura la raza humana ha sobrevivido y progresa en determinados campos. Pero gracias a la perniciosa insensatez inculcada en cada individuo en el curso de su culturización , la raza humana, aunque sobreviviendo y progresando, ha tenido siempre problemas. La Historia es la prueba, entre otras cosas, de las fantásticas y generalmente diabólicas estratagemas que le ha jugado la enloquecida cultura de la humanidad. Y el horrendo juego continua.

¿Qué puede y qué debería hacer el individuo para mejorar su irónicamente equívoca relación con la cultura en la que el mismo se encuentra embebido? ¿Cómo puede continuar disfrutando de los beneficios de la cultura sin que, al mismo tiempo, sea estupidizado o violentamente intoxicado por su veneno? ¿Cómo puede llegar a ser discriminadamente culto rechazando aquello que es estúpido o decididamente pernicioso y agarrándose a lo que conduce a una conducta humana e inteligente?

Una cultura no se puede aceptar discriminadamente, ni mucho menos modificar, si no es por personas que han visto a su través, por personas que han abierto brechas en la empalizada de símbolos verbalizados que les confinan y así han podido mirar al mundo y, por reflexión, a sí mismos de una forma nueva y relativamente desprovista de prejuicios. Tales personas no nacen simplemente; también deben hacerse. ¿Pero cómo?

En el terreno de la educación formal lo que el supuesto abridor de brechas necesita es conocimiento. Conocimiento de la historia pasada y presente de las culturas en toda su fantástica variedad, y conocimiento sobre la naturaleza y las limitaciones, el uso y los abusos del lenguaje. Un hombre que sabe que ha habido muchas culturas y que cada cultura proclama ser la mejor y la más auténtica de todas encontrara difícil tomarse demasiado en serio los alardes y dogmatizaciones de su propia tradición. De igual manera, un hombre que sabe cómo se relacionan los símbolos con la experiencia y que practica la clase de autocontrol lingüístico que enseñan las interpretaciones de la Semántica General es poco probable que se tome demasiado en serio las absurdas o peligrosas necedades que, dentro de cada cultura, pasan por filosofía, sabiduría práctica y argumento político.

Como preparación para abrir brecha esta clase de educación intelectual es ciertamente valiosa, pero no menos insuficiente en verdad. El entrenamiento en el nivel verbal necesita ser completado con un entrenamiento en experiencia sin palabras. Debemos aprender a ser mentalmente silenciosos, debemos cultivar el arte de la receptividad pura.

Ser silenciosamente receptivo, ¡cuán infantilmente simple parece!. Pero de hecho, como pronto descubrimos, ¡qué difícil! El universo en que los hombres pasan sus vidas es la creación de lo que la filosofía india llama Nama-Rupa, Nombre y Forma. La Realidad es un continuo fluir, un Algo inconmensurablemente misterioso e infinito cuyo aspecto exterior es lo que llamamos Materia y cuya interioridad es lo que llamamos Mente. El lenguaje es un dispositivo para sacarle el misterio a la Realidad y hacerlo dócil a la comprensión y la manipulación humanas. El hombre culturizado rompe el continuo fluir, pega etiquetas a unos pocos de sus fragmentos, proyecta las etiquetas sobre el mundo exterior y así crea para sí mismo un universo excesivamente humano de objetos separados, cada uno de los cuales es meramente la envoltura de un nombre, una ilustración particular de alguna abstracción tradicional. Lo que percibimos asume el esquema del cedazo conceptual a través del cual ha sido filtrado. La receptividad pura es difícil porque la conciencia normal vigilante en el hombre está siempre culturalmente condicionada. Pero la conciencia normal vigilante, como señaló William James hace muchos años, 'no es sino un tipo de conciencia, mientras que a su alrededor, separadas de ella por las más sutiles pantallas, residen formas potenciales de conciencia enteramente diferentes. Podemos pasar por la vida sin sospechar su existencia; pero apliquémosles el estímulo adecuado y, a un toque, allí están en toda su perfección, tipos definitivos de mentalidad que probablemente tienen en alguna parte su campo de aplicación y adaptación. Ninguna estimación del universo en su totalidad que vuelva la espalda a estas formas de conciencia puede ser definitiva'.

Al igual que la cultura por la que está condicionada, la conciencia normal vigilante es, a la vez, nuestro mejor amigo y nuestro enemigo más peligroso. Nos ayuda a sobrevivir y a progresar; pero al mismo tiempo nos impide actualizar nuestras potencias mas valiosas y, en ocasiones, nos crea toda clase de problemas. Para llegar a ser un hombre pleno, el hombre, el orgulloso hombre, hacedor de fantásticas piruetas, debe aprender a salirse de su propio camino; sólo entonces sus facultades infinitas y su angélico entendimiento tienen oportunidad de salir a la superficie. Con palabras de Blake, debemos 'despejar las puertas de la percepción'; pues cuando las puertas de la percepción están despejadas 'todo se aparece al hombre tal como es: infinito'. Para la conciencia vigilante normal las cosas son las envolturas estrictamente finitas y aisladas de las etiquetas verbales. ¿Cómo podemos romper el hábito de imponer a la experiencia inmediata nuestros prejuicios y el recuerdo de las palabras sacralizadas por la cultura? Respuesta: con la práctica de la receptividad pura y el silencio mental. Estos limpiaran las puertas de la percepción y, en el proceso, harán posible el surgimiento de otras formas de conciencia distintas de la normal, conciencia estética, conciencia visionaria, conciencia mística. Gracias a la cultura somos los herederos de vastas acumulaciones de conocimiento, de un inapreciable tesoro de método lógico y científico, de miles y miles de útiles piezas de conocimiento práctico, tanto tecnológico como organizativo. Pero la mente humana posee otras fuentes de información, hace uso de otros tipos de razonamiento, está dotada de una sabiduría intrínseca que es independiente del condicionamiento cultural.

Wordsworth escribe que 'nuestro entrometido intelecto (esa parte de la mente que utiliza el lenguaje para extraer el misterio de la Realidad) deforma las bellas formas de las cosas: las asesinamos para diseccionarlas'. No hace falta decir que no nos podemos manejar sin nuestro entrometido intelecto. El pensamiento conceptual verbalizado es indispensable. Pero incluso cuando están bien utilizados, los conceptos verbalizados deforman 'las bellas formas de las cosas'. Y cuando (como sucede con tanta frecuencia) están mal utilizados, deforman nuestras vidas a base de racionalizar viejas estupideces, instigando al crimen en masa, a la persecución y a todos los demás trucos fantásticamente espantosos que hacen llorar a los ángeles. La sabia pasividad no verbal es un antídoto contra la actividad verbal no sabia y un correctivo necesario de la actividad verbal sabia. Los conceptos verbalizados sobre la experiencia solían complementarse con un conocimiento directo e inmediato de los sucesos tal y como ellos mismos se nos presentan.

Es la vieja historia del espíritu y la letra. La letra es necesaria, pero nunca debe tomársela demasiado en serio; pues, divorciada del espíritu, aprisiona y, finalmente, mata. En cuanto al espíritu, 'sopla donde quiere' y, si dejamos de consultar las mejores tablas culturales, podernos ser desviados de nuestro curso y sufrir naufragio. Por el momento, la mayoría de nosotros hacemos lo peor en los dos aspectos. Ignorando los vientos del espíritu que soplan libremente y apoyándonos en planos culturales que pueden estar varios siglos atrasados nos precipitamos hacia adelante a toda velocidad bajo la alta presión de la arrogante confianza en nosotros mismos. Los pasajes que nos hemos vendido a nosotros mismos nos aseguran que nuestro destino es algún puerto en las Islas Afortunadas. De hecho resulta ser, con mayor frecuencia, la Isla del Diablo.

La autoeducación a un nivel no verbal es tan vieja como la civilización. 'Estad tranquilos y sabed que Yo soy Dios', para los visionarios y los místicos de todas las épocas y todos los lugares éste ha sido el primero y el más grande de los mandamientos. Los poetas escuchan a su Musa y de la misma forma el visionario y el místico esperan la inspiración en un estado de sabia pasividad, de vacuidad dinámica. En la tradición occidental este estado se llama 'la oración de atención simple'. En el otro extremo del mundo se describe en términos que son más psicológicos que teístas. En el silencio mental 'miramos al interior de nuestra propia Naturaleza del Yo', nos 'asimos al No-Pensamiento que reside en el pensamiento', nos 'convertimos en aquello que esencialmente hemos sido siempre'. Mediante la sabia actividad podemos adquirir un útil conocimiento analítico sobre el mundo, conocimiento que puede ser comunicado por medio de símbolos verbales. En el estado de sabia pasividad hacemos posible la aparición de formas de conciencia distintas de la conciencia utilitaria de la vida de vigilia normal. El útil conocimiento analítico del mundo es reemplazado por cierta especie de relación con el mundo, biológicamente inesencial, si bien espiritualmente iluminadora. Por ejemplo, puede haber una relación estética directa con el mundo como belleza. O puede haber una relación directa con la intrínseca extrañeza de la existencia, con su indómita irracionalidad. Y, finalmente, puede haber una relación directa con la unidad del mundo. Esta experiencia mística inmediata de ser uno con la Unicidad fundamental que se manifiesta en la diversidad infinita de cosas y mentes nunca se puede expresar adecuadamente con palabras. De la experiencia visionaria, como de la experiencia del místico, sólo se puede hablar desde fuera. Los símbolos verbales no pueden transmitir nunca su interioridad.

Es a través del silencio mental y de la práctica de la sabia pasividad como los artistas, los visionarios y los místicos se han preparado a sí mismos para la experiencia inmediata del mundo como belleza, como misterio y como unidad. Pero el silencio y la sabia pasividad no son los únicos caminos que conducen fuera del universo excesivamente humano creado por la conciencia normal, condicionada por la cultura. En 'Protesta y réplica', el libresco amigo de Wordsworth, Matthew, le reprocha al poeta porque

Mirás en derredor a tu Madre Tierra,
corno si te hubiera creado sin propósito;
como si tú fueras su primer parto,
¡y nada hubiese vivido antes que tú!
Desde el punto de vista de la conciencia vigilante normal, esto es pura delincuencia intelectual. Pero es lo que el artista, el visionario y el místico deben hacer y, en efecto, han hecho siempre. 'Mirar a una persona, a un paisaje, a cualquier objeto común como si lo estuviera viendo por primera vez'. Este es uno de los ejercicios de la conciencia inmediata, no verbalizada prescritos en los antiguos textos del Budismo Tántrico. Los artistas, los visionarios y los místicos se niegan a estar esclavizados por los hábitos culturalmente condicionados del sentimiento, el pensamiento y la acción que la sociedad considera correctos y naturales. Siempre que parece deseable se abstienen deliberadamente de proyectar sobre la realidad aquellos sagrados esquemas de palabras de los que todas las mentes humanas están copiosamente repletos. Ellos saben tan bien como cualquiera que la cultura y el lenguaje en los que se arraiga cualquier cultura dada son absolutamente necesarios y que, sin ellos, el individuo no sería humano. Pero también saben, más vívidamente que el resto de la humanidad, que el individuo, para ser plenamente humano, debe aprender a perder su condición, debe ser capaz de abrir brecha en la muralla de símbolos verbalizados que le rodea.
En la exploración del vasto y misterioso mundo de las posibilidades humanas los grandes artistas, visionarios y místicos han sido los pioneros abriendo camino. Pero donde ellos han estado, otros pueden seguir sus pasos. En potencia, todos nosotros somos 'infinitos en facultades y como dioses en entendimiento'. Las modalidades de la conciencia de cualquiera que sepa cómo aplicar los estímulos necesarios. El universo en el que un ser humano vive puede transfigurarse en una nueva creación. Sólo tenemos que abrir una brecha en la muralla y mirar a nuestro alrededor con lo que el filósofo, Plotino, describe como 'la otra forma de mirar, de la que todos no han hecho sino muy poco uso'.

En nuestros actuales sistemas de educación el entrenamiento a un nivel no verbal es escaso en cantidad y pobre en calidad. Más aún, su propósito, que es simplemente ayudar a sus receptores a ser más 'cómo dioses en entendimiento', ni esta claramente establecido ni coherentemente buscado. Podríamos y, más enfáticamente, deberíamos hacerlo mejor, en este importantísimo terreno, de lo que lo estamos haciendo. La sabiduría práctica de anteriores civilizaciones y los hallazgos de los espíritus aventurados dentro de nuestra propia tradición y en nuestra propia época están a nuestra entera disposición. Con su ayuda se podría llevar a cabo sin demasiada dificultad un programa de estudios y una metodología de entrenamiento no verbal. Desgraciadamente la mayoría de las personas con autoridad tienen un gran interés en el mantenimiento de las barreras culturales. Desaprueban el abrir brecha como subversivo y despachan 'la otra forma de mirar' de Plotino como un síntoma de trastorno mental. Si se pudiese organizar un sistema efectivo de educación no verbal, ¿permitirían las autoridades que se aplicara extensamente? Es algo que está por ver.

Del mundo no verbal de la conciencia culturalmente incontaminada pasamos al mundo subverbal de la fisiología y la bioquímica. Un ser humano es un temperamento y un producto del condicionamiento cultural; también es, en primer lugar, un sistema bioquímico extremadamente complejo y delicado, cuya interioridad, según cambia el sistema de un estado de equilibrio a otro, es una conciencia cambiante . Por ser cada uno de nosotros un sistema bioquímico es por lo que (de acuerdo con Houseman):

La malta hace más de lo que Milton puede
para justificar los caminos de Dios ante el hombre.
La cerveza alcanza sus triunfos teológicos porque, en palabras de William James, 'La embriaguez es el gran excitador de la función Sí en el hombre'. Y añade que 'Es parte del más profundo misterio y tragedia de la vida que los destellos y los aromas de algo que reconocemos inmediatamente como excelente nos sean concedidos a tantos de nosotros sólo en las efímeras fases primeras de lo que, en su totalidad, es un veneno degradante'. Se conoce al árbol por sus frutos y los frutos de una excesiva confianza en el alcohol etílico como excitador de la función Sí son ciertamente amargos. No menos amargos son los frutos de la confianza en sedativos, alucinógenos y estimulantes creadores de hábito tales como el opio y sus derivados, como la cocaína (tan alegremente recomendada un día por el Dr. Freud a sus amigos y pacientes), como los barbitúricos y la anfetamina. Pero en los años recientes los farmacólogos han extraído o sintetizado diversos compuestos que afectan poderosamente a la mente sin hacer ningún daño al cuerpo, ni en el momento de la ingestión ni más tarde, por medio de la adicción. A través de estos nuevos psicodélicos, la conciencia vigilante normal del sujeto puede ser modificada de muchas maneras diferentes. Es como si, para cada individuo, su yo más profundo decidiese que clase de experiencia sería más ventajosa. Tras haberse decidido, hace uso del poder de la droga para cambiar la mente con objeto de dar a la persona lo que necesita. Así, si fuese bueno para el desvelar recuerdos profundamente enterrados, los recuerdos profundamente enterrados serían debidamente revelados. En los casos en que esto no sea de gran importancia, sucederá algo distinto. La conciencia vigilante normal puede ser reemplazada por la conciencia estética y el mundo será percibido en toda su inimaginable belleza, en toda la cegadora intensidad de su 'existencia real'. Y la conciencia estética puede transformarse gradualmente en conciencia visionaria. Gracias a una manera más de mirar, el mundo se revelará ahora no sólo como inimaginablemente bello, sino también como insondablemente misterioso, como un multitudinario abismo de posibilidades que eternamente se actualizasen en formas sin precedentes. Nuevas incursiones en un mundo de abundancia nuevo y transfigurado, nuevas combinaciones de pensamiento y fantasía, la corriente de la novedad se derrama por el mundo en un torrente, cada una de cuyas gotas está cargada de significado. Existen los símbolos, cuyo significado reside fuera de ellos mismos, en los hechos dados de la experiencia visionaria y existen estos hechos dados que significan sólo ellos mismos. Pero 'sólo ellos mismos' es también 'nada menos que el divino fundamento de todo ser'. 'Nada más que esto' es, al mismo tiempo, 'la cualidad esencial de todo'. Y ahora la conciencia estética y la conciencia visionaria se sumergen en la conciencia mística. El mundo se ve ahora como una diversidad infinita que es, sin embargo, una unidad, y quien la posee se experimenta a sí mismo como siendo uno con 1a infinita Unicidad, que se manifiesta, totalmente presente, en cada punto del espacio, en cada instante del flujo del continuo parecer, de la novación perpetua. Nuestra conciencia normal condicionada por la palabra crea un universo de distinciones rígidas, blanco y negro, esto y aquello, yo y tú y ello. En la conciencia mística en la que se es uno con la infinita Unicidad hay reconciliación de los opuestos, percepción de lo No Particular en lo particular; se transcienden nuestras inveteradas relaciones sujeto-objeto con las cosas y las personas, hay experiencia inmediata de nuestra solidaridad con los seres todos y una especie de convicción orgánica de que, a pesar de lo inescrutable del destino, a pesar de nuestras propias y oscuras estupideces y nuestra deliberada malevolencia, sí, a pesar de que todo eso es tan manifiestamente injusto con el mundo, sin embargo, de alguna forma profunda, paradójica y enteramente inexpresable, Todo Está Bien. Para la conciencia vigilante normal, la frase 'Dios es Amor' no es más que una manifestación de ilusorio pensamiento positivo. Para la conciencia mística es una verdad autoevidente.
Los rápidos cambios tecnológicos y demográficos sin precedente están aumentando constantemente los peligros de los que estamos rodeados y, al mismo tiempo, están disminuyendo constantemente la conveniencia de los esquemas de percepción y conducta tradicionales impuestos a los individuos, gobernantes y gobernados por igual, por su cultura. Siempre deseable, el extensivo entrenamiento en el arte de abrir brecha en las barreras culturales es ahora la más urgente de las necesidades. ¿Se puede acelerar y hacer más efectivo ese entrenamiento mediante el uso juicioso de los psicodélicos físicamente inofensivos ahora disponibles? Sobre la base de mi experiencia personal y con la evidencia de lo publicado, creo que se puede. En mi fantasía utópica, 'La isla', especulaba en términos de ficción sobre las formas en que una sustancia similar a la psilocibina podía usarse para potenciar la educación no verbal de los adolescentes y recordar a los adultos que el mundo real es muy diferente del deformado universo que ellos mismos se han creado por medio de sus prejuicios condicionados por la cultura. 'Divirtiéndose con los Hongos', así fue como un crítico bromista despachó el asunto. Pero qué es mejor: ¿Divertirse con los Hongos o Idiotizar con la Ideología?, ¿hacer Guerras a causa de las Palabras?, ¿hacer las Fechorías de Mañana con las Falsas Creencias de Hoy? (1)

¿Cómo se deberían administrar los psicodélicos? ¿En qué circunstancias, con qué clase de preparación y de constancia? Estas son preguntas que deben ser contestadas empíricamente, mediante un experimento a gran escala. La mente colectiva del hombre posee un alto grado de viscosidad y fluye de una posición a otra con la deliberada desgana de una marea de lodo. Pero en un mundo de explosivo crecimiento demográfico, de impetuoso avance tecnológico y de nacionalismo militante, el tiempo a nuestra disposición está estrictamente limitado. Debemos descubrir, y descubrir muy pronto, nuevas fuentes de energía para superar la inercia psicológica de nuestra sociedad, mejores disolventes para licuar la pegajosa adherencia de un estado de mente anacrónico. En el nivel verbal, una educación sobre la naturaleza y las limitaciones, los usos y los abusos del lenguaje; en el nivel sin palabras, una educación en el silencio mental y la receptividad pura; y, finalmente, a través del uso de psicodélicos inofensivos, un curso de experiencias o éxtasis de conversión, químicamente preparados, éstos, creo, proporcionarán todas las fuentes de energía mental, todos los disolventes del lodo conceptual, que un individuo requiere. Con su ayuda, será capaz de adaptarse selectivamente a su cultura, rechazando lo malo, las estupideces y las impertinencias, aceptando de buen grado todos sus tesoros de conocimiento, de racionalidad, cordialidad humana y sabiduría práctica. Si el numero de tales individuos es suficientemente grande, si su calidad es suficientemente alta, podrán ser capaces de pasar de una aceptación discriminada de su cultura a un cambio y una reforma discriminadores. ¿Es esto un sueño utópico y esperanzador? Experimentarlo puede darnos la respuesta, pues el sueño es pragmático; la hipótesis utópica se puede comprobar empíricamente. Y en estos tiempos de opresión una pequeña esperanza equivale, con toda seguridad, a un visitante bienvenido.


(1) Aquí Huxley recoge el juego de palabras del crítico: 'Having fun with Fungi' (divirtiéndose con los hongos), y lo utiliza de forma similar en las frases 'to have Idiocy with Ideology' (idiotizar con la ideología); 'to have Wars because of Words' (hacer guerras por causa de palabras); 'to have Tomorrow's Misdeeds out of Yesterday' s Miscreeds' (hacer las fechorías de mañana con las falsas creencias de ayer). (N. del T.)


Recogido de HAINING, Peter (editor). 'El club del haschisch. La droga en la literatura', Taurus, Madrid, 1976.

digitalizado por paconito.

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