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Aprendiendo a amar al Gran Hermano
¿Está George W
Bush plagiando a Orwell?
PHANTASTIKA - 31/07/02 12:45 publicado por Demian
He aquí una pregunta para los estudiosos de Derecho Constitucional: ¿Puede un presidente electo ser acusado de plagio? Tal y como el presidente Bush está llevando su Guerra contra el terrorismo y sus recientes acciones para crear un inmenso aparato de seguridad doméstica, es bastante evidente que está tomando muchas de sus ideas -sino directamente plagiándolas-, de la conocida obra maestra de George Orwell.

El libro en cuestión es “1984”, la profética novela acerca de un gobierno que controla a las masas mediante el uso masivo de propaganda, la destrucción de cualquier pensamiento subversivo y la premeditada alteración de la historia para que se adapte a sus necesidades. La intención del autor era, sin duda, ofrecer una lúcida lectura sobre los peligros del totalitarismo, y no desde luego como uno de esos manuales “Aprenda usted como...”.

Y aunque es cierto que aún nos encontramos lejos del tipo de totalitarismo absoluto y salvaje tan magníficamente retratado por Orwell, también lo es que las muchas similitudes están comenzando a resultar cuando menos tenebrosas. A saber:

GUERRA PERMANENTE

En “1984”, el Estado mantenía una guerra permanente contra un enemigo vago y siempre cambiante. La guerra tenía lugar principalmente en lo abstracto y no definido, pero servía como conveniente vehículo para potenciar el odio, el miedo constante y justificar las prácticas autocráticas del régimen.

La Guerra contra el Terror de Bush se ha convertido en algo casi igual de amorfo. Aunque se nos ha dicho que la determinación del presidente es firme y la misión clara, cada vez sabemos menos acerca del enemigo contra el que estamos luchando. Lo que comenzó siendo una guerra contra Osama Bin Laden y al Qaeda rápidamente se transformó en una guerra contra Afganistán, seguido por los extraños avisos sobre un “Eje del Mal”, la persecución de terroristas en más de 50 o 60 países y ahora en los inicios de una campaña contra Irak. Lo que pueda constituir exactamente conseguir la victoria en esta guerra permanece desde luego poco claro, pero lo que la administración Bush tiene por absolutamente cierto es que esta guerra continuará “indefinidamente”.

EL MINISTERIO DE LA VERDAD

Sirviendo como el brazo propagandístico del partido gobernante en “1984”, el Ministerio de la Verdad no solamente se dedicaba a distribuir mentiras adecuadas para conseguir sus objetivos estratégicos, sino que de manera consistente se encargaba de rescribir y falsificar la historia.

Esta es una práctica que se ha convertido cada vez más en un lugar común de la Casa Blanca de Bush, donde las transcripciones presidenciales son rutinariamente “revisados” para eliminar los gazapos del presidente, los datos sobre los avisos de los servicios de inteligencia anteriores al 11 de septiembre se reducen con cada revisión y los hechos sobre las pasadas veleidades financieras de Bush se disuelven poco a poco en la nada.

La administración Bush ha sido sorprendentemente franca acerca de sus intenciones de propagar falsedades. En febrero, por ejemplo, el Pentágono anunció un plan para crear una Oficina de Influencia Estratégica con el objetivo de proveer de información y noticias falsas que ayuden a manipular la opinión pública y favorecer sus objetivos militares. Siguiendo la previsible protesta de el público, el Pentágono dijo que cerraría la oficina –noticia que hubiera resultado desde luego mucho más convincente si hubiera venido de otro lugar, uno que no hubiera justo afirmado que se veía con el derecho a mentir y a distribuir sus planes desinformativos.

LÍDER INFALIBLE

En “1984”, un líder omnipresente y todopoderoso, El Gran Hermano, recibía el masivo e incuestionable apoyo del pueblo. Era ambas cosas, adorado y temido, y nadie se atrevía siquiera a hablar contra él, a no ser que estuviera dispuesto a enfrentarse a la ira del estado.

Puede que el presidente Bush no resulte una figura igualmente amenazante, aunque sí que es verdad que ha expresado en diferentes momentos su deseo de conseguir mucho mayores poderes. No olvidemos que ha mencionado –en no menos de tres ocasiones- como sería todo mucho más fácil si él fuese un dictador. Mediante el abandono de muchos de los controles y presupuestos establecidos en la Constitución para evitar que alguno de los estamentos del Estado se convirtiera en demasiado poderoso (la separación de poderes es una de las bases de la democracia), Bush ha conseguido ya la mayor expansión de los poderes del ejecutivo desde la época de Nixon.

Sus índices de aprobación popular permanecen remarcablemente altos, y sus asesores trabajan muy duro para cultivar su imagen de infalibilidad. En ningún lugar ha sido esto más aparente que durante una reciente visita de Bush al estado de Ohio, donde los estudiantes fueron amenazados con ser arrestados y expulsados si protestaban su discurso. Se les ordenó darle “una atronadora ovación”, y ellos lo hicieron.

EL GRAN HERMANO TE VIGILA

En “1984”, el ojo-que-todo-lo-ve del Gran Hermano mantiene constante observación de los ciudadanos del estado totalitario de Orwell mediante la utilización de un sistema de tele-vigilancia de dos direcciones que por un lado registra todos los movimientos de la gente mientras simultáneamente por el otro emite continuamente propaganda del partido.

Mientras que parece que esta tecnología no ha llegado aún, la vigilancia pública con cámaras de vídeo (colocadas en todas partes, desde los eventos deportivos a las playas públicas) se ha convertido en una norma de común cumplimiento por parte de las fuerzas de la ley. La administración Bush ha anunciado sus planes para reclutar a millones de americanos y formar con ellos un ejército de ciudadanos espías que sirvan como “ojos y oídos extra para las fuerzas del orden” informando sobre cualquier actividad sospechosa como parte de un programa denominado TIPS - Terrorism Information and Prevention System –.

Y gracias a la irregularmente aprobada ley “USA Patriot Act”, el Departamento de Justicia (dirigido por el puritano Fiscal General del Estado al que algunos han llegado a llamar “John Jehová Jesús Ashcroft MacCarthy”) ha obtenido nuevos poderes que le permiten registrar conversaciones telefónicas, el uso de Internet, las transacciones financieras e incluso las fichas de las lecturas realizadas en la biblioteca. Y lo mejor de todo: las fuerzas del orden no tiene que preocuparse por tonterías tales como “causa probable” u “orden judicial”.

POLICÍA DEL PENSAMIENTO

Encargada de la erradicación de los disidentes y la eliminación de toda resistencia al régimen, la omnipresente Policía del Pensamiento descrita en “1984” registraba y revisaba cuidadosamente todo pensamiento no ortodoxo o potencialmente subversivo.

La administración Bush no está persiguiendo el crimen de pensamiento todavía, pero sus miembros están prestos a cuestionar el patriotismo de cualquiera que ose criticar el modo en que están llevando la guerra contra el terrorismo o la defensa doméstica. Tomemos, por ejemplo, el modo en que el Fiscal General del Estado, John Ashcroft, contesta las críticas sobre sus medidas anti-terroristas diciendo que todos los que se oponen a la administración “únicamente ayudan a los terroristas” y “ofrecen munición a los enemigos de América”.

Incluso más ominoso fue el mensaje de advertencia enviado por el secretario de la Casa Blanca Ari Fleischer a los americanos después de que Bill Maher, presentador del ya desaparecido espacio “Politically Incorrect”, definiera las acciones del ejército de los EEUU como “cobardes”. Fleischer afirmo: “Esto es un aviso para todos los norteamericanos de que necesitan vigilar muy bien lo que dicen, y vigilar lo que hacen, ya que este no es tiempo para comentarios como ese ni nunca lo ha sido.”

¿Puede convertirse América en el tipo de sociedad sobre la que Orwell nos advirtió, una sociedad que ofrece guerra como paz, libertad como esclavitud e ignorancia como fuerza? ¿Sucederá de repente, o tal vez se trate de una progresiva erosión de las libertades con el ingenuo consentimiento de los ciudadanos?

Debido a que somos una nación en guerra –como continuamente se nos recuerda- muchos americanos afirman estar dispuestos a sacrificar muchas de sus libertades a cambio de la promesa de mayor seguridad. Se nos ha pedido que depositemos una fe ciega en el gobierno y muchos de nosotros lo hemos hecho así con gran fervor pratiótico. Sin embargo, cuando el gobierno abusa de esa confianza y comienza a perseguir la libertad de opinión que es la marca de una sociedad democrática, ¿puede haber acaso una vuelta atrás?

El control del estado sobre la mente de las personas era tan fuerte en “1984” que, eventualmente, todo el mundo aprendía a amar al Gran Hermano. Quizás con el tiempo todos nosotros lo haremos también.

Artículo de Daniel Kurtzman - Sunday, July 28, 2002
San Francisco Chronicle
Daniel Kurtzman es un escritor de San Francisco y antiguo corresponsal político en Washington

Traducción realizada por Demian para Tempus Fungui.


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