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Rebeldía con tacos
el eterno cabaret
ARS EROTICA - 17/03/03 03:35 publicado por Soledad Bauzá
El estreno mundial de 'Chicago' y sus 13 nominaciones reflotaron a niveles masivos y oscarizables la vieja pasión que despiertan los números de café concert. El Cabaret es el género de la rebeldía sexual por antonomasia, parodia que se renueva con cada conflicto bélico –del nazismo al anti-islamismo-, un tropo que dice 'maillot' y pestañas postizas, medias negras de red, un piano que llena el escenario y exclama “aquí estoy” con todas sus teclas a la platea hipnotizada que agita brasas en la penumbra como un mar de estrellitas rojas.

Catherine Z Jones, ganadora del oscar 2002 a la mejor actriz de reparto por su papel en ¡Welcome, Wilkommen, Bienvenue!

Asistir al número del humorista ácido, o la vamp desfachatada, es obsequiarse con el bofetazo de un arte pagano y transgresor.
“¿Dónde está el hombre vivo, incambiable, que precisamente no es en todo semejante a sus semejantes?”, preguntó Bertol Brecht. Un transgresor, contemporáneo de Kurt Weill, y las divas del cabaret berlinés que en la Alemania pre Hitler, junto a toda una camada que devino clásica, jugueteó, padeció, y luego abandonó la Europa envilecida y llevó su rabia y lágrimas a Hollywood. Con descaro, coraje, chabacanería, en fin: los mismos ingredientes que conforman a los públicos que a través de la historia vieron reflejado en este género popular sus glorias y –más abundantes aún-, miserias.

Agridulce y políticamente incorrecto

Género nacido en el arrabal prostibulario, al igual que el tango, el cabaret es la parodia más sutilmente violenta, hilarante, eufórica y oscura de la vida. Joel Grey espetando “Wilkommen” con el maquillaje violento de café concert –mezcla de muñeca y clown malvado-, a los desopilados nazis que brindan espectando su propia parodia en 'Cabaret'... Ese instante se perpetuó en la retina universal...y en los oídos. El cabaret se las arregló para labrar con la eterna seducción de sus músicas ligeras una historia de erosión e irrespeto, burla y acusación.

Aquella película que lanzó al estrellato a Liza Minnelli en 1972 fue la versión fílmica de un musical que previamente había arrasado en Broadway: I am a camera, basado también en los textos de Cristopher Isherwood The Berlin Stories (1935-39). Allí estaba Sally Bowles, la cabaretera que se preparaba tragos con vodka y huevos enteros, o nobles afeminados que alquilaban acompañantes para los flashes. Personajes que encarnaron en la Alemania en decadencia lo que los ojitos británicos y alelados del autor espectaban con una mezcla de horror y fascinación. Fauna que se revolvía en el Berlín de entre guerras y legó clásicos de la resistencia cultural.

No existe una sociedad humana sin música, poesía y humor. Colocadas juntas, estas tres gracias constituyen una fuerza poderosa para la cohesión, identidad de los pueblos...y para el combate cultural. Claire Waldorff, Lotte Lenya, Marlene Dietrich, y las muchas artistas que bebieron en sus aguas como fuentes predilectas tomaron la posta del ejercicio de la perdición y el encanto del más puro magnetismo sexual femenino, para sacudir a déspotas encumbrados con más virulencia que cualquier ejército.

Un guiño irresistible brillando en satén y liguero bajo un spot.

Artículo de
Soledad Bauzá

[ imágenes de Renée Zellweger ]





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