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Michael Moore, la guerra y el Oscar
PHANTASTIKA - 09/04/03 17:59 publicado por Soledad Bauzá
El domingo 16 de marzo la ceremonia de entrega de los premios Oscar se celebró en Los Angeles, como en los últimos 75 años, pese a elucubraciones sobre una posible suspensión, nunca seriamente considerada. Millonarios derechos de la cadena ABC para transmitirla en directo (no un alentador mensaje espiritual universal de “show must go on”, como declaró por ahí algún jerarca de “La Academia”), hicieron que el seguimiento del conflicto en territorio iraquí se interrumpiera durante la premiación.

Una bomba en territorio norteamericano

Se prendieron 33,1 millones –10 menos que el año pasado- de personas a mirar los trajes y peinados de las estrellas, a Catherine Zeta Jones embarazada de nueve meses de Michael Douglas recibiendo su estatuilla por Chicago, los lavadejos chistes de Steve Martin, los 45 segundos de agradecimientos y “oh my God!” de cada galardonado.

Las estrellas no lucían escarapelas de la paz, ni insignias de ningún tipo. Excepto Susan Sarandon -que además en un momento hizo un gesto de la “V” pacifista acompañado de reverencia-, su esposo Tim Robbins y Julianne Moore, que tenía en el monedero una cosita celeste que había que mirar con lupa. Pero nada de la anunciada cinta pato pegada en la solapa como alusión a la paranoia frente a posibles agresiones con armas químicas que ha llevado a que el FBI selle con ese material habitaciones de edificios públicos enteras.

La resistencia al lineazo

Pero hubo 10 millones de espectadores a quienes esta vez les importó más la guerra en Irak. Esa especie de videopantalla con bengalas y copitos de nieve azul cayendo. Esos, se perdieron no solo una ceremonia aburrida. También la única sorpresa de la noche. El tipo que la boicoteó.

Algo esperado con pánico y fervor. Blandiendo su Oscar al Mejor largo documental (por 'Bowling for Columbine'), Michael Moore invitó a sus colegas nominados en la categoría documental al escenario, y mandó:
“Ellos están aquí en solidaridad conmigo porque a nosotros nos gusta la no ficción. Nos gusta la o ficción y vivimos en tiempos ficticios. Vivimos en tiempos en que tenemos resultados de elecciones ficticias que eligen presidentes ficticios. Vivimos un tiempo en que tenemos un hombre mandándonos a la guerra por razones fiticias. Ya sea la ficción de la cinta pato, o a ficción de alertas anaranjadas, estamos en contra de esta guerra. Sr Bush. ¡Qué vergüenza!, Mr Bush, shame on you!. Y cada vez que se le pongan en contra el Papa y las Dixie Chicks, sepa que le llegó la hora”.

Hubo abucheos y vítores. Más de lo primero, de hecho. Habría que ver cuán representativo era el núcleo humano allí presente. Pero lo mejor es que hubo una condena desde el corazón del glamour que escucharon 33,1 millones. Qué importante.

Michael Moore es un brillante periodista y documentalista norteamericano. Analiza y sintetiza como un milagro retórico. Y lo bueno es que se trata de un intelectual fresco como mozzarella y coloquial como un vecino. Dice cosas tanto sobre Bin Laden y las Torres Gemelas como sobre “los terroristas en Nicaragua que pagamos y entrenamos en los años 80. ¡Treinta mil civiles asesinados y quién mierda se acuerda de ellos!”. Y sobre la idea de que hay ejércitos enteros de “huérfanos de ese terrorismo imperial”, golpeados por tantos flancos -hambre, mentiras, ambición por petróleo, agua contaminada, Tomahawks-, que “no debería sorprender que crezcan y golpeen”.

Vale la pena escuchar lo que dice, o acercarse a los textos de este hombre. Y saber que a diferencia de lo que proclaman esos pacifistas belicosos que proponen bombardear a Bush, como el (y lamento que sea un compatriota) uruguayo Eduardo Galeano, la fuerza de la palabra fue, es y será una vía para resistir mucho más noble.


Artículo de Soledad Bauzá


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