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Naomi Klein
Petroleo Iraquí, Privatización disfrazada
EMERGENCIAS - 24/04/03 10:41 publicado por Demian
Os traemos de nuevo el lúcido análisis de Naomi Klein, esta vez apuntando sobre las maquinaciones económicas que manchan completamente -de negro petroleo- las verdaderas intenciones que se esconden tras la actual Guerra de Iraq.

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TAL VEZ EN BREVE plazo Estados Unidos habrá conquistado toda una nueva zona de libre comercio por el método del bombardeo

Paul Wolfowitz, subsecretario de Defensa, lo dijo con toda claridad el 16 de abril: las Naciones Unidas no tendrán papel alguno en el establecimiento de un gobierno interino en Iraq. El régimen controlado por Estados Unidos durará al menos seis meses, “posiblemente... más”. Y para el momento en que el pueblo de Iraq elija un gobierno, las principales decisiones económicas acerca del futuro de su país habrán sido establecidas por sus ocupantes. “Tiene que existir una administración eficaz desde el primer día –dijo Wolfowitz–; la gente necesita agua, alimentos y medicinas. El servicio de alcantarillado y de electricidad debe funcionar. Ésa es una responsabilidad de la coalición.” El proceso de lograr que toda esa infraestructura funcione es llamado generalmente “reconstrucción”.

Pero los planes estadounidenses para el fu-turo de la economía iraquí van más alla. El país es concebido como una pizarra sin nada escrito en ella en la cual los neoliberales

de Washington podrán trazar las líneas de su economía de ensueño: totalmente privatizada, propiedad de extranjeros y abierta a los negocios. He aquí algunos hechos sobresalientes: un contrato por 4,8 millones de dólares para la administración del puerto de Um Qasr ha ido a parar a una compañía estadounidense, Stevedoring Services. La Agencia Internacional de Desarrollo de Estados Unidos ha invitado a multinacionales estadounidenses a presentar propuestas para toda clase de proyectos, desde reconstruir carreteras y puentes hasta publicar libros de texto. ¿Cuánto tiempo pasará antes de que esos contratos deriven en acuerdos a largo plazo para la privatización de los servicios de agua, sistemas de transporte, carreteras y teléfonos? ¿En qué momento la reconstrucción se transforma en privatización disimulada? El diputado republicano Darrell Issa, elegido por California, ha presentado un proyecto de ley que exigiría –en caso de aprobarse– que el Departamento de Defensa impulse la construcción de un sistema de teléfono celular CDMA (“code-division multiple access”) en el Iraq de la posguerra a fin y efecto de beneficiar a “titulares de patentes estadounidenses”. Tal como ha señalado Farhad Manjoo en la revista on-line Salon, el CDMA es el sistema usado en EE.UU., no en Europa, y fue desarrollado por la compañía Qualcomm, una de las empresas destacadas por sus donaciones a Issa.

Y, además, está la cuestión del petróleo. El Gobierno de Bush sabe que no puede hablar de manera abierta sobre la venta de los recursos petrolíferos de Iraq a Exxo-Mobil y Shell. Eso se lo deja a personas como Fadhil Chalabi, un ex funcionario del Ministerio de Hidrocarburos de Iraq. “Necesitamos que inmensas sumas de dinero lleguen a nuestro país”, dice Chalabi. Y añade: “La única forma es privatizar parcialmente la industria”. Chalabi forma parte de un grupo de exiliados iraquíes que ha asesorado al Departamento de Estado sobre la forma de aplicar esta privatización para que no parezca que proviene de Estados Unidos. Para ayudar a este plan, el grupo celebró una conferencia los días 4 y 5 de abril en Londres, en la que propuso que Iraq abra sus puertas a las multinacionales petroleras tras la guerra. El Gobierno de Bush ha expresado su gratitud, prometiendo que habrá muchos cargos para exiliados iraquíes en el gobierno interino. Algunos dicen que es demasiado simplista denunciar que la guerra se libró simplemente por el petróleo. Tienen razón. La guerra se libró no sólo por el petróleo sino por el agua, las carreteras, los trenes, los teléfonos, los puertos y las medicinas. No es de extrañar que tantas multinacionales traten de disputarse un hueco en el inexplotado mercado iraquí. No se trata sólo de que la reconstrucción costará unos 100.000 millones de dólares. Significa también que el “comercio libre” por medios menos violentos no ha funcionado muy bien en los últimos tiempos. Cada vez más países en vías de desarrollo rechazan la privatización, en tanto que la Asociacion de Libre Comercio de América Latina, la prioridad comercial de Bush, es ampliamente impopular en toda América Latina. Negociaciones de la OMC sobre propiedad intelectual, agricultura y servicios se han estancado entre acusaciones de que Estados Unidos y Europa no han cumplido con anteriores promesas. Por lo tanto, ¿qué puede hacer una superpotencia adicta al crecimiento y afectada por la recesión? ¿Por qué no modernizar el “libre comercio peso ligero”, que conquista mercados mediante forcejeos en el cuarto trasero, y convertirlo en el “libre comercio superpeso”, que conquista nuevos mercados en los campos de batalla de guerras preventivas? Al fin y al cabo, las negociaciones con países soberanos pueden ser difíciles. Es más facil limitarse a desgarrar el país, ocuparlo, y luego reconstruirlo como al ocupante se le antoje. El presidente Bush no ha abandonado la idea de comercio libre, tal como algunos señalan; sólo que tiene una nueva doctrina: bombardear antes de com-prar. Los inversores pronostican simplemente que, una vez que la privatización arraigue en Iraq, Irán, Arabia Saudí y Ku-wait, se verán obligados a competir privatizando su petróleo. Tal vez en breve plazo Estados Unidos habrá conquistado toda una nueva zona de libre comercio por el método del bombardeo. Sería una “actitud muy torpe”, en palabras del comisionado de Relaciones Exteriores de la UE, Chris Patten, que Estados Unidos se quede con todos los contratos sustan-ciosos. Estados Unidos debe aprender a compartir. Por ejemplo, Exxo-Mobil debería invitar a la empresa francesa TotalFinaElf a participar en la explotación de los yacimientos petrolíferos más lucrativos. Bechtel debería ofrecer a la británica Thames Water una posible participación en el tratamiento de aguas residuales. Pero aunque Patten encuentre mortificante el unilateralismo estadounidense, eso no tiene mucha importancia... ¿A quién importa que las multinacionales obtengan los mejores contratos en el Iraq posterior a Saddam? ¿O que la privatización se haga unilateralmente por parte de Washington o, por el contrario, sea de naturaleza multilateral, a cargo de Estados Unidos y de Europa, Rusia y China?

Sin embargo, en este debate no aparece en absoluto el pueblo iraquí, que tal vez desea retener algunos de sus bienes... En ausencia de un proceso democrático, se proyectan no tareas de reparación, reconstrucción o rehabilitación, sino un robo a mano armada. Robo a gran escala disfrazado de caridad. Privatización sin representación política. El pueblo iraquí, hambriento y enfermo por las sanciones, destrozado por la guerra, emergerá de este trauma... para descubrir que su país ha sido vendido. También descubrirá que su recién estrenada “libertad” llega maniatada por decisiones económicas irreversibles, tomadas en salas de juntas mientras caían aún las bombas. Luego se le pedirá que vote por sus nuevos dirigentes y se le dará la bienvenida al maravilloso mundo de la democracia.

NAOMI KLEIN - 24/04/2003

N. KLEIN, periodista. Autora de “No logo”. Conferenciante invitada en Harvard, Yale y la London School of Economics

© 2003 Naomi Klein
Distribuido por “The New York Times Syndicate”
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