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Tras la pista del Necronomicón
Magnífico repaso a la posible -pero improbable- historia del mítico grimorio Necronomicón inventado por H.P. Lovecraft como jueguete literario, pero tal vez basado en ominosos volúmenes mágicos utilizados por el mismísimo Aleister Crowley.
(publicado por Anónimo )
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MÁS QUE FICCIÓN

El escritor Colin Wilson, un apasionado de Lovecraft recibió en 1976 una carta del Dr. Stanislaus Hinterstoisser, director del Instituto para el Estudio de la Magia y Fenómenos Ocultos, de Salzburgo, afirmando que tenía pruebas de que el padre de H.P. Lovecraft, Winfield, pertenecía a la francmasonería egipcia fundada por Cagliostro, quien, según Hinterstoisser, "legó a sus seguidores ciertos manuscritos, incluido el Necronomicón original". Aseguraba también que Winfield estaba en posesión de un raro grimorio de magia astrológica, el picatrix de Maslama ibn Ahmad al-Magriti (atribuido a un moro de Madrid y que Editora Nacional publicó en 1982). Según Hinterstoisser, "el Necreonomicón es una compilación de material mágico procedente de Acadia, Babilonia, Persia e Israél, hecha probablemente por Alkindi, que murió en torno al año 850, y supuestamente contendría una tradición mágica que precedió a la especie humana". El capítulo noveno de la segunda parte de esta obra, que no sería otra sino la conocida como El Libro De La Esencia Del Alma (Kitab ma?ani al-nafs) y habría estado en posesión del padre de Lovecraft, lleva el título De la Historia de Los Antiguos. Este capítulo de la obra, que sería un compendio de magia derivado en parte de las tabletas de la biblioteca del rey Asurbanipal, sería el tan buscado Necronomicón. Quizá no sea casualidad que, como el árabe autor del Necronmicón, el padre de Lovecraft muriera demente, a causa de una sífilis.

La última carta de Hinterstoisser acaba de una forma muy intrigante: "... los parásitos de la mente existen realmente... tienen su influencia e incluso son visibles bajo diferentes apariencias... Describirlos como malignos, tal como hice cuando di con ellos por primera vez en el transcurso de mi investigación, sería una ridiculez... Es nuestro espíritu semi-eterno (me atrevo a decir eterno) lo que les interesa. Pero es fatigoso ser el juguete de fuerzas que son a la vez elementales y conscientes... Ahora solo puedo trabaja de modo seguido un par de horas. De lo que antes fue únicamente curiosidad lúcida sólo queda horror. Quiero prevenirle". El Dr. Hinterstoisser falleció poco después de escribir esta última carta.

Por otro lado, Robert Turner, fundador de la sociedad conocida como Orden de la piedra Cúbica, cuando investigaba en la Colección Harlein De Manuscritos del Museo Británico, que contiene papeles y documentos del mago isabelino John Dee, encontró una carta, fechada en 1573, dirigida al doctor Dee por un remitente anónimo, donde se mencionaba la ciudad semisumergida de Donwiche, un lugar rico en yacimientos arqueológicos al que los romanos llamaron Sito Magnus. Los curioso es que uno de los relatos de Lovecraft transcurre en una ciudad imaginaria llamada Dunwich, al norte de Massachussets. En esa localidad, el protagonista de la narración sería el poseedor de una traducción incompleta del Necronomicón que el doctor Dee habría llevado a cabo.

EL NECRONOMICÓN SEGÚN JOHN DEE

Turner sabía que, en una de sus cartas, el doctor Hinterstoisser afirmaba que el bibliotecario del emperador Rodolfo II, en cuya corte había estado John Dee, incluyó en un catálogo una compilación de Alkindi, una copia de la cual habría estado en posesión del padre de Lovecraft. Si ello era cierto, el Necronomicón que hipotéticamente perteneció a Winfield Lovecraft sería la copia que Dee habría hecho en Praga, en la corte de Rodolfo II. Conociendo la gran erudición criptológica del mago inglés, supuso que su diario mágico, el manuscrito conocido como Liber Logaeth, podría ser una copia incompleta y cifrada del Necronomicón, En el Liber Logaeth Dee explica los medios para entrar en contacto con seres que habitan otras realidades, un sistema mágico original al que los estudiantes de magia contemporáneos tienen un gran respeto por los enormes poderes que, según informan, pueden liberarse en este mundo. Con la colaboración del experto en informática David Langford comenzó a experimentar con los cuadros mágicos de la obra de Dee. Sabía que una mente como la suya tenía que haber ideado un sistema de encriptación realmente sofisticado. Según afirma, él mismo fue probando con diferentes grados de complejidad que resultaron erróneos, hasta que halló un sistema especialmente complicado que dio resultados.

El programa de ordenador ofreció un texto coherente en el que se podían reconocer los nombres de los dioses primigenios, algo alterados. Algunos fragmentos del resultados de ese desciframiento han sido ya publicados como parte del verdadero Necronomicón. Para ser objetivos, además de contener un alfabeto al que se le atribuyen poderes mágicos –casi idéntico a uno de los empleados por algunas logias masónicas de la edad moderna para escribir mensajes en clave, derivado de la llamada Clave del Arca Real- habría que señalar que algunas atribuciones se parecen demasiado a las dadas por la Orden de la Golden Dawn. Pero si esto se debe a que algunas lagunas gráficas y textuales han sido rellenadas por Turner –influido por el sistema de la orden, como la mayoría de los estudiantes de magia contemporáneos- y si las aseveraciones de Langford son reales, estaríamos ante un descubrimiento de repercusiones imprevisibles.

A la misma tradición según Turner, pertenecería el Necronomicón encontrado en 1967 por Sprague de Camp, biógrafo de Lovecraft, quien preguntó en Bagdad a un profesor palestino por el significado del nombre árabe del Necronomicón, Al Azif, derivada del antiguo acadio, encabezaba un manuscrito en su poder escrito en diurano, un dialecto del sirio hablado por unos pocos ancianos de la localidad kurda de Duria, en una de cuyas tumbas se habría encontrado el documento. De Camp le compró el manuscrito. Ya América, averiguó que en realidad estaba escrito en un idioma parecido al persa, que podría ser geberiano. Sus esperanzas se vinieron abajo cuando un experto, Reinhold Carter, del Museo Metropolitano, le aseguró que era una falsificación del siglo XIX. En 1973, animado por una carta en la que el antiguo propietario pretendiera que le revendiera el documento, publicó el manuscrito con el título de Al Azif. El Necronomicón, en la editorial Owlswick Press de Filadelfia.

TRAS LA PISTA DE CROWLEY

Lo cierto es que Turner no ha sido el único. Otras dos publicaciones al menos, surgidas de círculos crowleyanos, pretenden contener en verdadero Necronomicón. Parecen existir cierto paralelismos entre el sistema que le fuera revelado al mago inglés Aleister Crowley y el reflejado en Los Mitos. Algunos pasajes del libro del Libro de la Ley que le fueran dictados a Crowley en estado de semitrance por una entidad llamada Aiwaz, tienen ciertas reminiscencias lovecraftianas. El Yermo Frío llamado Hadith, al que en algunas de sus obras se refiere el que fuera jefe supremo de la Ordo Tempi Orientis (O.T.O.) recuerda mucho al Yermo Frío de los relatos de Lovecraft. Crowley menciona asimismo el sueño original de los Grandes Antiguos. Hasta el demonio del abismo con el que Crowley afirmó entrar en contacto practicando la magia enoquiana del doctor John Dee en el desierto, Choronzón, recuerda ciertos aspectos de los dioses Primigénios lovecraftianos. Los paralelismos son muchos.

¿Fueron Crowley y Lovecraft controlados por las mismas entidades? ¿O las coincidencias se deben a que Lovecraft conoció la obra de Crowley? Aunque algunos de sus más íntimos colaboradores niegue esa posibilidad, lo cierto es que en su relato El Ser en el Umbral se menciona al responsable principal de una sociedad que profesaba extraños cultos y que intentaba afincarse en Nueva York. Ese dato, junto con la mala reputación que acompaña al personaje, hace sospechar que se refiere a Crowley. En cualquier caso, las mitologías de ambos autores comparten una misma atmósfera inquietante. Da la sensación de que ambas proceden de estratos oscuros y muy profundos de la mente, de allí donde pueden habitar cosas que no conocemos y que tratan de emerger a la conciencia a toda costa.

En sus trilogía sabeana, que incluye uno de los dos necronimicones publicados recientemente, Frank G. Ripel, dirigente de la Ordo Rosae Mysticae (O.R.M.), que se considera heredera de la O.T.O. Crowleyana

La mayor parte de sus relatos fueron inspirados por sus sueños, en los que no quiso reconocer la verdad oculta. El sistema crowleyano y el de Lovecraft corresponderían a un culto antiquísimo relacionado con las estrellas: el sabeano. La O.R.M. No solo afirama que su milenario Necroniomicón es el auténtico, sino que es un derivado de un libro más antiguo, el Sauthenerom.

LA CONEXIÓN SUMERIA

El otro Necronomicón, al que antes hacíamos referencia, fue editado en 1977 por L. K. Barnes. Según afirma este, el manuscrito le fue entregado por el famoso sacerdote y demonólogo Montague Summers. Barnes, en una parte de la obra, advierte que la labor de traducción y edición estuvo sembrada de todo tipo de accidentes que afectaron a muchos de sus colaboradores e, incluso, a él mismo. El resusltado fue una obra que, en rasgos generales, parecía de origen sumerio. Los nombres de divinidades del panteón mesopotámico, tales como Marduk, Ereshkigal, la diosa del Abismo y del Infierno, o Tiamat y Absu, representaciones del caos informe y maligno, son frecuentes en las invocaciones y ceremonias descritas en dicha obra y habrían dado lugar, por alteraciones fonéticas, a los nombres de diversas divinidades lovecraftianas. Algunas incongruencias, tales como ciertas figuras con letras en griego, sigilo que recuerdan excesivamente a los de algunos grimorios medievales bien conocidos, etcétera, son explicadas por el editor como el resultado de las alteraciones introducidas por los diferentes copistas. Sin embargo, son muy sospechosas cierta atribuciones simbólicas y mágicas empleadas en el seno de la O.T.O. reformada por Crowley y que él mismo introdujo cuando se convirtió en jefe supremo de la Orden: son las mismas que este aprendió en una Orden contemporánea, que se ha convertido en referencia oblicada para los ocultistas modernos, la Golden Dawn. Barnes advierte que los rituales de protección de dicha orden no sirven contra las fuerzas evocadas por el Necronomicón; pero, según Lovecraft, lo que puede detener la acción de los Primordiales es justamente uno de sus símbolos fundamentales, el pentagrama, es decir, el Gran Signo de los dioses Arquetípicos.

El Necronomicón publicado por la O.R.M. no contiene las invocaciones al dios Yog-Sothoth, que, según Lovecraft, incluiría la copia realizada por Dee. Ambas obras contradicen algunos de los pocos datos que sobre sobre su forma y contenido se dan en los Mitos.

Aún hoy continúa la controvesia y el Necronomicón sigue siendo buscado por algunos, mientras otros han aceptado como auténticos uno de los dos que se han publicado y ponen en práctica sus rituales. Quizá, en algún lugar del océano, Cthulhu sigue hablando en sueños a ciertos hombres a fin de que, en una búsqueda desesperada, contribuyan a abrir los portales. Si los Antiguos existiesen, no tendrían una forma mejor de crear espectación y formas de pensamiento de las que poder alimentarse hasta el día en que puedan llegar a ser lo sificientemente fuertes. Tal vez no esté tan lejano el momento en que los perros de Tíndalo, los sabuesos sin forma que moran más allá del espacio y del tiempo, consigan acceder a nuestro Universo, a través de una geometría imposible. Lo que pudiese venir después, mejor no pensarlo.

ALFREDO SALINAS
WEBMASTER de "El Necronomicon"

Publicado en:
http://elnecronomicon.dreamers.com/necronomicon/necro46.html

 


 
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